(Nota) Seguramente habrá opiniones fuertemente contra estos estudios. Dirán ¡Esto no cuenta para mí! A este respecto, quiero hacer dos importantes observaciones.
(b)Segunda observación, y todavía más importante que la primera: es sumamente necesario que cada lector examine seriamente a si mismo (por sus frutos los conoceréis) dijo el Maestro Mt. 7:16,20. Para ver si es o no un verdadero creyente, nacido de nuevo. Es cierto que todo cristiano sincero puede disfrutar de paz, alegría y consuelo al leer u oír aquellas palabras del Señor Jesús en Lucas 21:28 “Cuando empiecen a ocurrir estas cosas, erguíos y levantad vuestras cabezas, porque se acerca vuestra redención”. En este caso, no tienes que temer, ocurra lo que ocurra (v.Ro.8.28). pero lo urgente y quemante pregunta es: ¿Puedo decir sinceramente, con los frutos a la vista, que soy un nacido de nuevo? ¿Muestro en mi conducta el horror al pecado y el verdadero amor a Dios y a mis hermanos?
¿Soy un cristiano carnal, con motivos suficientes para dudar de mi salvación por falta de dedicación al Señor o por sobra de amor a las cosas terrenales? Estamos en un asunto muy solemne. En el v.17, ya se hace referencia “al número de su nombre” El v.18 lo declara con más detalle: “Esto requiere sabiduría. El que tenga ingenio (lit. mente. Gr. Noûn)” calcule el número de la bestia, pues es cifra de hombre. Su cifra es 666”
Hay autores que tienen por segura la interpretación simbólica, según la cual, puesto que el 6 es en la Biblia el número del hombre (sin llegar al 7 que representa perfección), el 666 sólo significaría “fracaso, mas fracaso, mas fracaso” de modo que las tres bestias mencionadas estarían abocada a la derrota, por cuanto no pueden al número de la perfección divina. Este método es demasiado simplista. Otros autores hablan de la gramática que consiste en sumar el valor numérico de las letras de un nombre determinado y dar el número resultante. Así como el nombre de Jesús es en el (gr. Iesoûs), suma 888. Pero este método no tendría respaldo. Otra cuestión es si el anticristo una persona o un sistema. Desde Lutero y Calvino hasta hoy, no han faltado, ni faltan, quienes han visto en el papado el Anticristo. Esto supone un total desconocimiento del libro de Apocalipsis. Todas las expresiones que en el Nuevo Testamento designan al ANTICIRSTO, se refiere a una persona, no a un sistema.
Es suficiente leer detenidamente el capítulo 17 de Apocalipsis para percatarse de que “la gran ramera” la Babilonia religiosa, escrupulosamente descrita por Juan en todos sus detalles, NO ES la Bestia (el Anticristo), sino que VA MONTADA sobre la Bestia y representa la “religión apostata” con su centro en Roma, la ciudad de las siete colinas. Es la Gran Iglesia Ecuménica y Apostata, denominada y controlada por el Vaticano, que habrá absorbido a todas las denominaciones infieles a la Palabra de Dios y aun a todas las religiones de la tierra que no tienen nada que ver con el cristianismo.
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