viernes, 26 de agosto de 2016

La Ley y la Gracia análisis


¿Por qué dirá el hombre que puede ser salvo por las obras de la ley cuando ni siquiera sabe lo que él es? Se debe a que el hombre no sabe lo maligno que es él; no sabe que es carnal. Ya que el hombre se ha hecho carnal, hay tres cosas en él que nunca cambian: su conducta, su lujuria y su voluntad. Por causa de que el hombre es carnal, todo lo que haga es pecaminoso y maligno. Al mismo tiempo, la lujuria dentro de él está tentándolo, provocándolo activamente a pecar todo el tiempo. Además, la voluntad y el deseo del hombre rechazan a Dios. Puesto que la conducta del hombre está en contra de Dios, su lujuria lo provoca a pecar y su voluntad se rebela contra Dios, de ninguna manera puede hacer las obras de la ley y ser obediente a Dios. Por lo tanto, es imposible que el hombre satisfaga las demandas de Dios por medio de la justicia de la ley.

No solamente tenemos una conducta exterior, también tenemos la lujuria en nuestro cuerpo. No solamente tenemos la lujuria en nuestro cuerpo, también tenemos la voluntad en nuestra alma. Tal vez usted pueda tratar con su conducta, pero la lujuria que se mueve dentro de usted, aunque no logre pecar, la conducta exterior existe en usted y lo provoca todo el tiempo. Y aunque usted odie su lujuria y se esfuerce en tratarla, su voluntad no es compatible en lo más mínimo con Dios. Muy dentro de su corazón, el hombre es rebelde para con Dios y quiere crucificar al Señor Jesús. Por un lado, la cruz significa el amor de Dios; pero por otro, significa el pecado del hombre. La cruz significa el gran amor que Dios tiene para tratar al hombre; pero también representa el inmenso odio que el hombre tiene para con Dios. El Señor Jesús fue crucificado en la cruz no solamente por los judíos, sino también por los gentiles. La voluntad del hombre para con Dios nunca ha cambiado. La voluntad del hombre está totalmente enemistada con Dios.

Romanos 8:7-8 dice: “Por cuanto la mente puesta en la carne es enemistad contra Dios; porque no se sujeta a la ley de Dios, ni tampoco puede; y los que están en la carne no pueden agradar a Dios”.
La mente puesta en la carne es enemistad contra Dios. Aquellos que están en la carne no están sujetos a la ley de Dios, ni tampoco pueden. No entendemos al hombre lo suficiente. Todavía creemos que el hombre puede curarse y ser útil. Entonces, decimos que las obras de la ley aún pueden salvar al hombre. Pero el hombre nunca se puede sujetar a la ley de Dios; eso simplemente no está en nuestra naturaleza. En nuestra conducta no existe el poder de sujetarse a la ley, ni en nuestra naturaleza. No sólo somos incapaces de sujetarnos a la ley, simplemente no estamos dispuestos. Ser incapaz de estar en sujeción corresponde a nuestra naturaleza y nuestra lujuria; no estar dispuesto a estar en sujeción corresponde a nuestra voluntad. Básicamente, el hombre no está sujeto a Dios en su voluntad. Por lo tanto, la ley no manifiesta otra cosa que la debilidad, la impureza y la pecaminosidad del hombre. No manifiesta la justicia del hombre. Si alguien dice que una persona puede tener vida y ser justificada por las obras de la ley, en realidad no conoce al hombre. Si el hombre no fuese carnal y pecaminoso, tal vez la ley lo vivificaría. Por esto es que Gálatas 3:12 dice: “El que hace estas cosas vivirá por ellas”.

Lamentablemente, todos los seres humanos son pecadores. Son carnales y no tienen poder para sujetarse a Dios, ni tienen ganas de sujetarse a Dios. El hombre no tiene poder para hacer las obras de la ley, ni tampoco tiene el deseo de hacerlas. La ley es buena, pero la persona que hace las obras de la ley no lo es.
Segunda Timoteo 1:9-10 dice: “Quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito Suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos, pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Cristo Jesús, el cual anuló la muerte y sacó a luz la vida y la incorrupción por medio del evangelio”.

Aquí el apóstol Pablo nos dice que Dios tuvo un propósito, y lo tuvo antes de los tiempos de los siglos, antes de la creación del mundo. Este fue el propósito original de Dios. Y ¿qué clase de propósito era?

 Pablo dice que esta gracia nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos. Antes de que el hombre hubiera pecado, e incluso antes de la creación del mundo, Dios ya había decidido darnos Su gracia por medio de Cristo Jesús. Por lo tanto, la gracia fue el propósito original de Dios. Fue algo que Dios planeó desde el mismo comienzo.
¿Por qué Dios quiso darnos gracia? Pablo dice que Dios nos “llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito Suyo y la gracia”. La voluntad de Dios consiste en dispensar Su gracia, y esta gracia nos salva. Él nos salvó y nos llamó con llamamiento santo para que disfrutemos Su gloria. Esto es lo que hace la gracia de Dios. Él quería salvarnos y llamarnos con llamamiento santo según Su propósito, conforme a lo que planea hacer. Aquí Pablo era muy cuidadoso; él agregó una frase para mostrarnos si la ley concuerda con el propósito de Dios. Él dice: “No conforme a nuestras obras”. Dios no nos salva conforme a lo que podemos hacer para Él; no depende de cuánta responsabilidad podamos cargar ante El. Más bien, es Dios que viene para lograr algo para nosotros, y es Dios el que nos da Su gracia. Esta gracia siempre estaba relacionada a Su plan. Así que recordemos que antes de los tiempos de los siglos, el concepto de Dios era la gracia, no las obras, ni la ley.
Pablo prosigue diciendo: “Que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos pero que ahora ha sido manifestada por la aparición de nuestro Salvador Cristo Jesús”. Esta gracia no había sido manifestada anteriormente. Por lo tanto, aunque ustedes vean que esta gracia había sido planeada hace mucho tiempo, no fue sino hasta que el Señor Jesús vino que supimos lo que era gracia. ¿Qué es lo que esta gracia hace por nosotros? Sigamos leyendo: “El cual quitó la muerte y sacó a la luz la vida y la inmortalidad por el evangelio”.

Después de que el hombre fue creado, tanto Adán como Eva pecaron y se rebelaron. El pecado entró al mundo por medio de un solo hombre. Pero Dios no le dio la ley al hombre en ese momento. Por un espacio de casi 1600 años después de que el hombre pecó, Dios no le dio la ley. Dios no le impuso demandas durante ese tiempo. Dios dejó que la historia siguiera su curso normal. Luego, un día, cuatrocientos treinta años antes de que Moisés instituyera la ley, Dios habló a Abraham, el padre de la fe, y lo escogió para que por medio de él Cristo viniera al mundo. Dios escogió a Abraham y le dio la gran promesa de que todas las naciones serían bendecidas por medio de su simiente (Gn. 12:3; 22:18). Vale notar que la simiente está en singular, no en plural; es una simiente, no muchas.
Pablo explicó en el libro de Gálatas que esta simiente se refiere al Señor Jesús (Gá. 3:16). Cuando Dios le habló a Abraham, fue la primera vez que Dios reveló el propósito que había planeado antes de los tiempos de los siglos. Dios le dijo que el propósito, de antes de los tiempos de los siglos, era que por medio de su simiente, Jesucristo, las naciones serían bendecidas. Abraham era un adorador de ídolos, sin embargo Dios lo escogió y le dio una promesa. Él fue el primero que no tuvo obras; él era una persona de fe. Así, Dios reveló Su propósito ante él.

Aquí hay que prestar atención a un punto en especial. Lo que Dios dijo a Abraham es incondicional. Dios simplemente dijo: “Yo salvaré y bendeciré al mundo por medio de tu simiente”. El no impuso ninguna condición. Dios no dijo que los descendientes de Abraham tenían que hacer esto o aquello, ni que el reino que saldría de él tenía que ser así o asá antes de que tuviera la simiente y el mundo fuese bendecido. No. Dios simplemente dijo que él tendría una simiente que salvaría al mundo. No importaba si Abraham fuese bueno o malo; no importaba si sus descendientes fuesen buenos o malos; y tampoco importaba si su reino fuese bueno o malo. No había ninguna condición adjunta. Esta era la manera en que Dios quería hacerlo. El haría que la simiente trajera bendición para la gente en el mundo.
Después de esta palabra, Cristo el Hijo de Dios no vino inmediatamente al mundo. Abraham engendró a Isaac, pero Isaac no vino para salvar al mundo. Isaac no era el Hijo de Dios.
Cuatrocientos treinta años después, Moisés y Aarón vinieron. Y aunque eran personas muy buenas, ellos no eran el Cristo de Dios. Por medio de la revelación de Dios, Pablo nos señaló que la simiente de Abraham no se refiere a muchas simientes, sino a una sola, que no vino sino hasta dos mil años después. Hay una razón muy importante por la que la simiente no vino antes. Es verdad que Dios quiere hacer cosas para el hombre, que Dios le quiere dar gracia al hombre. No obstante, ¿dejará el hombre que Dios lo haga? Dios ve que no estamos bien, y por lo tanto quiere ayudarnos; pero tal vez creamos que somos muy capaces. Somos malignos, pero tal vez nos consideremos buenos. Estamos sucios, pero tal vez nos consideremos limpios. Somos débiles, pero tal vez nos consideremos fuertes en todo. Somos inútiles, pero tal vez nos consideremos útiles. Los seres humanos somos pecadores y totalmente incapaces, pero tal vez nos consideremos buenos y capaces. El propósito de Dios desde antes de los tiempos de los siglos era dar gracia, y en el tiempo le dijo a Abraham que Él le daría la gracia al hombre. Pero debido a que el hombre era ignorante, débil, inútil, pecador y merecedor de la muerte y la perdición, Dios no tuvo otra alternativa que dar la ley al hombre cuatrocientos treinta años después de que le dio la promesa a Abraham. Después de que Dios le dio la ley al hombre, éste descubrió que era pecador. Dios puso la ley para dejar que el hombre descubriera por sí mismo si fuera bueno o no, y si era capaz o no. Dios puso la carga de la ley para que el hombre viera si podía cumplirla o no. Recordemos que la intención original de Dios no era dar la ley. Debo recalcar que la ley fue algo agregada para satisfacer una necesidad temporal. No era parte de la intención original de Dios.
Veamos Gálatas 3:15-22. Debemos considerar estos versículos cuidadosamente porque son muy importantes. El versículo 15 dice: “Hermanos, hablo en términos humanos: Un pacto, aunque sea de hombre, una vez ratificado, nadie lo invalida, ni le añade”.

 Hagamos a un lado el pacto que el hombre tuvo con Dios por un momento y consideremos los pactos que los hombres hacen entre sí. Supongamos que alguien vende una casa, y un contrato fue acordado y firmado. ¿Puede el vendedor venir más tarde a pedir doscientos dólares más? ¿Puede, después de firmar el contrato, pensar un poco más y romper el contrato? No. Incluso con los contratos entre los hombres, una vez que son firmados, es imposible agregar o quitar condiciones. Si entre los hombres un contrato es así, ¡cuánto más el pacto entre Dios y el hombre!

¿Cómo hizo Dios Su pacto con el hombre? El versículo siguiente dice: “Ahora bien, a Abraham fueron hechas las promesas, y a su simiente” (v. 16). Dios hizo un pacto con Abraham por medio de promesas porque se relaciona al futuro. Lo que se ha cumplido es la gracia; lo que aún no se ha cumplido es la promesa. Puesto que el Señor Jesús aún no había venido, no podemos decir que el pacto que Dios hizo con Abraham era gracia. En realidad, su naturaleza era gracia, pero aún no se había manifestado, así que todavía era una promesa. Esta promesa fue dada a Abraham y a su simiente. Pablo dice: “No dice: „Y a las simientes‟, como si hablase de muchos, sino como de uno: „Y a tu simiente‟, la cual es Cristo” (v. 16). La simiente es singular, no plural; es una, Cristo. Dios le prometió a Abraham que él produciría a Cristo y que por medio de Cristo las naciones serían bendecidas. El versículo 14 dice: “Para que en Cristo Jesús la bendición de Abraham alcanzase a los gentiles, a fin de que por medio de la fe recibiésemos la promesa del Espíritu”.

Este es el pacto que Dios hizo con Abraham. Dado que Dios quiere bendecir las naciones por medio de Cristo Jesús, ¿por qué le dio la ley al hombre cuatrocientos treinta años después? Ya que el pacto que Dios hizo con Abraham no podía ser anulado ni suplementada, ¿por qué no vendría el Señor Jesús para darnos gracia? ¿Por qué tuvo que intervenir el problema de la ley? Usted tiene que ver el argumento que Pablo daba. Pablo explicaba por qué, después de cuatrocientos treinta años, vino la ley. El versículo 17 dice: “Esto, pues, digo: El pacto previamente ratificado por Dios, la ley que vino cuatrocientos treinta años después, no lo abroga, para invalidar la promesa”. Aunque Dios le dio la ley al hombre, el pacto que El había hecho cuatrocientos treinta años antes no podía ser abrogado. 

Dios no podía cancelar el pacto que ya había hecho al pensarlo mejor cuatrocientos treinta después. La ley es algo totalmente contraria a la promesa y a la gracia. ¿Qué es la promesa? Es algo dado a alguien gratuitamente. Aunque no lo tenga todavía, lo tendrá más tarde sin lugar a dudas. Pero, ¿qué es la ley? La ley implica que uno debe hacer esto o aquello a fin de obtener algo. Usted puede ver que estas dos cosas son completamente opuestas. La promesa implica que Dios hará algo para el hombre; la ley implica que el hombre hará algo para Dios.
El versículo 18 dice: “Porque si la herencia es por la ley, ya no es por la promesa”. Si lo que se da es por el principio de la ley, entonces no puede ser conforme al principio de la promesa. Estas dos cosas son completamente opuestas.
El versículo 19 dice: “Entonces, ¿para qué sirve la ley?” Ahora surge un problema. Este es el problema más difícil de resolver.

La ley y la promesa son básicamente contradictorias en naturaleza. Si usted tiene la ley, no puede tener la promesa; si tiene la promesa, no puede tener la ley. Estas dos cosas no pueden estar juntas. Pero ahora tenemos la ley y la promesa. Dios dio la promesa, y luego cuatrocientos treinta años después dio la ley. ¿Qué puede hacer usted? Si el pacto hecho por Dios no puede cambiar, siendo imposible reducirlo ni aumentarlo, entonces, ¿por qué fue dada la ley? Puesto que un pacto no puede cambiar, una promesa siempre será una promesa, y la gracia siempre será gracia.

                                                      Entonces, ¿para qué se necesita la ley?

En el versículo 19 Pablo nos da la respuesta: “Fue añadida a causa de las transgresiones”. ¿Qué significa añadir?  Pablo dijo que la ley fue añadida. En realidad, Dios no tiene que darnos la ley, ni tampoco tenía que dársela a los judíos. Dios dio la ley a los judíos porque Él quería mostrarle al mundo por medio de ellos que fue dada por causa de las transgresiones.Las demandas que Dios había impuesto a los hombres era muy alta e imposible de cumplirla en la carne...

¿Por qué la ley fue añadida a causa de las transgresiones? Veamos la última parte de Romanos 4:15: “Pero donde no hay ley, tampoco hay transgresión”. Veamos también Romanos 5:20: “La ley se introdujo para que el delito abundase”. El propósito de la ley es causar que el pecado abunde. ¿Qué significa esto?

El pecado entró al mundo por el hombre, y por lo tanto, el pecado está en el mundo. La muerte vino por el pecado y así comenzó a reinar. Desde el tiempo de Adán hasta el tiempo de Moisés, el pecado estaba en el mundo. Pero ¿cómo podemos comprobar esto? Vemos la evidencia al ver la muerte que está en el mundo. Si no hubiera pecado desde Adán hasta Moisés, el hombre no hubiera muerto. El hecho de que desde Adán hasta Moisés todos murieron comprueba que el pecado ya estaba. Aunque había pecado durante ese tiempo, no había ley. Así, sólo había pecado pero sin transgresión. ¿Qué es la transgresión? El pecado estaba presente y era real en el mundo, pero el hombre no sabía que el pecado estaba aquí sino hasta que vino la ley de Dios. Por medio de la ley, Dios nos muestra que hemos pecado. En realidad, el pecado ya estaba en nosotros. Ya estábamos corrompidos, pero no lo supimos sino hasta que la ley vino; para entonces el pecado interior fue manifestado como transgresiones.

Todos los lectores de la Biblia y todos los que entienden la voluntad de Dios saben que Dios no nos dio la ley con la intención de que la guardáramos. La ley no se hizo para que la guardáramos, sino para que la quebráramos. Dios nos dio la ley para que la transgrediéramos. Esta puede ser la primera vez que muchos de ustedes escuchan semejante palabra, y tal vez les parezca extraña. Dios ya sabe que usted tiene pecado. Dios sabe esto; pero usted no lo sabe. Por lo tanto, Dios le ha dado la ley para que la transgreda, a fin de que usted se conozca. Dios sabe que usted no es bueno, pero usted se cree bueno. Por lo tanto, Dios ha dado la ley. Después de que usted la transgrede una, dos, muchas veces, usted dirá que tiene pecado. La salvación no vendrá a usted sino hasta entonces. Sólo cuando usted admite que no puede seguir adelante, que es imposible continuar conduciéndose en tal manera, estará dispuesto a recibir al Señor Jesús como su Salvador. Sólo entonces estará usted dispuesto a recibir la gracia de Dios.
Ya hemos visto que a fin de recibir gracia uno necesita humillarse. Somos pecadores, y hemos cometido pecados. ¿Qué es lo que nos hace humillar? La ley. Los seres humanos son orgullosos. Todos los seres humanos creen que son fuertes y se consideran buenos. Pero Dios nos dio la ley, y una vez que vemos la ley, tenemos que humillarnos y confesar que realmente no somos buenos en lo más mínimo. Esto es lo que Pablo daba a entender cuando dijo que antes de haber leído en la ley que no debemos codiciar, él no sabía lo que era codiciar. Sin embargo, cuando vio la ley, se dio cuenta de que había codicia en él (Ro. 7:7-8). Esto no significa que antes de que Pablo viera la ley no había codicia en él. Ya había codicia en él desde mucho antes.

 Él siempre había codiciado, pero no se daba cuenta de que era codicia. No fue sino hasta que la ley se lo dijo que se dio cuenta. Por lo tanto, la ley no nos hace cometer cosas que no hemos hecho antes; la ley sólo expone lo que ya está en nosotros. Por eso digo que Dios le dio al hombre la ley no para que la guardara, sino para que la quebrara. Tampoco la ley le da al hombre la oportunidad de transgredir; más bien, la ley le muestra al hombre que él transgredirá. La ley le permite al hombre ver lo que Dios ya ha visto.

Romanos 7 explica este asunto muy claramente. Veamos este capítulo, empezando desde los versículos 7 y 8: “¿Qué diremos pues? ¿La ley es pecado? ¡De ninguna manera! Pero yo no conocí el pecado sino por la ley; porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás. Más el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, produjo en mí toda codicia; porque sin la ley el pecado está muerto”. Sin la ley, no siento que codiciar es pecado, aunque haya codicia en mí. Así, la codicia en mí está muerta; o sea, no soy consciente de ella. Sin embargo, después de que la ley viene, resuelvo no codiciar más. Sin embargo, todavía codicio, y el pecado revive. El versículo 9 dice: “Y yo sin la ley vivía en un tiempo; pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí”.


Amigos míos, recuerden que Dios les dio la ley sólo por una razón: para mostrarles que ustedes siempre han estado llenos de pecado. Debido a que no han visto su propio pecado, actuaron orgullosamente. La ley vino para ponerlo a prueba. Usted puede decir que no codicia. Sin embargo, si usted trata de no codiciar, ¿cuál será el resultado final? Cuanto más se esfuerza, más débil se hace y más codicioso será. Usted se propone a no codiciar, pero en el momento que se propone esto, se encontrará codiciando todo. Usted codicia hoy, y codiciará mañana; usted codicia en todas direcciones. Ahora el pecado está vivo, la ley está viva, y usted está muerto. Originalmente el pecado estaba muerto y usted estaba bien, pero ahora que la ley ha venido no puede evitar codiciar. Cuanto más trata de no codiciar, más codicioso se hace. El problema es que el ser del hombre es carnal, y debido a que el hombre es carnal, su voluntad es débil, su conducta es rebelde, y sus deseos son sucios.
El versículo 10 dice: “Y hallé que el mismo mandamiento que era para vida, a mí me resultó para muerte”. Si el hombre puede realmente guardar la ley, él vivirá. Pero no puede; entonces muere. El versículo 11 dice: “Porque el pecado, tomando ocasión por el mandamiento, me engañó, y por él me mató”. Si la ley no me hubiera dicho que hiciera esto o aquello, el pecado estaría tranquilo en mí y no estaría tan activo. Pero desde que la ley vino y me dijo que no debería codiciar, el pecado, por medio del mandamiento me ha tentado y ha puesto este asunto de codicia en mi mente. La ley me dice que no debería codiciar, y me propongo a no codiciar; pero en vez de no codiciar, codicio aún más.

El versículo 12 continúa: “De manera que la ley es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno”. Nunca deberíamos considerar la ley como algo malo. La ley es siempre santa, justa y buena. “¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? De ninguna manera; sino que el pecado” (v. 13a). Al principio, el pecado estaba muerto y yo no era consciente de ello; pero cuando la ley vino para probarme, morí. “¿Luego lo que es bueno, vino a ser muerte para mí? De ninguna manera; sino que el pecado lo fue para mostrarse pecado produciendo en mí la muerte por medio de lo que es bueno, a fin de que por el mandamiento el pecado llegase a ser sobremanera pecaminoso” (v. 13). Al principio, no sentimos que el pecado es tan pecaminoso. Pero cuando la ley viene y tratamos de guardarla, vemos dónde están nuestros pecados y cuán pecaminosos y malignos son.

Podemos ver la función de la ley aquí. La ley es como un termómetro. Un termómetro no le dará fiebre. Pero si tiene fiebre, el termómetro seguramente la manifestará. La ley no hará que usted peque, pero si usted tiene pecados, la ley de Dios le mostrará inmediatamente que usted es un pecador.

 Originalmente, usted no sabía que era un pecador, pero ahora lo sabe.
La ley vino para juzgar los pecados del hombre. La ley fue establecida porque el hombre tiene pecado. Nunca vemos a Dios guardando la ley simplemente porque es imposible que Dios transgreda la ley. Así, no hay ley sobre El.

Dios nunca le dijo al Señor Jesús que amara al Señor Su Dios con todo Su corazón, con toda Su alma, con toda Su fuerza y con toda Su voluntad, y que amará a Su prójimo como a Sí mismo. El Señor Jesús simplemente no lo necesitaba. Espontáneamente El ama al Señor Su Dios con todo Su corazón, con toda Su alma, con toda Su fuerza y con toda Su voluntad; El espontáneamente ama al prójimo como a Sí mismo, y aún más que a Sí mismo.  Por lo tanto, la ley es inútil para El.

 Dios no le dijo a Adán que no codiciara ni robara. ¿Por qué necesitaría Adán codiciar? ¿Por qué necesitaría Adán robar? Dios ya le había dado todo lo que había sobre la tierra. Los Diez Mandamientos no fueron dados a Adán, porque él no los necesitaba.

Más bien, la ley fue dada especialmente a los israelitas porque mostraba al hombre carnal su condición interior y su pecado interno. Si un chino no robara nunca, no habría necesidad de que en la ley china existiera una cláusula acerca del robo. Debido a que el hombre roba, hay una cláusula en la ley que dice que nadie debe robar. Así, la ley existe por causa del pecado. Cuando el hombre pecó, la ley se introdujo..

Ahora volvamos a Gálatas 3 y continuemos con el versículo 19: “Entonces, ¿para qué sirve la ley? Fue añadida a causa de las transgresiones”.
 Ahora entendemos claramente. Antes de los tiempos de los siglos Dios se propuso dar gracia al hombre. Luego le dio una promesa a Abraham. En la eternidad era meramente Su propósito. Con Abrahán, fue algo hablado: El trataría con el hombre en gracia. Entonces, ¿para qué Dios le dio la ley al hombre cuatrocientos treinta años después de eso? 

Fue añadida a causa de las transgresiones. A fin de que los pecados del hombre se convirtieran en transgresiones, la ley fue dada al hombre. De esta manera, el hombre se dio cuenta de que tenía pecado y esperaría “hasta que viniese la simiente a quien fue hecha la promesa” (v. 19). No fue sino hasta que todo el mundo vio que eran pecadores y que estaban desahuciados, que estaban dispuestos a recibir al Señor Jesucristo el cual Dios prometió. Aun si Dios hubiese dado la salvación más temprano, el hombre no lo habría tomado.
El hombre no quiere la gracia de Dios, pero debido a que el hombre tiene transgresiones y está desahuciado posiblemente reciba la gracia de Dios.
El versículo 19 termina de la siguiente manera: “Y fue ordenada por medio de ángeles en mano de un mediador”. Esta parte se refiere a la ley mencionada anteriormente. No sólo la ley fue añadida a causa de las transgresiones, sino que también fue ordenada por un mediador. La ley tiene estas dos características: fue añadida a causa de las transgresiones y fue ordenada por medio de los ángeles en manos de un mediador. ¿Por qué la ley fue ordenada por medio de la mano de un mediador? El versículo 20 explica: “Y el mediador no lo es de uno solo”. ¿Ha sido alguna vez un intermediario o un intercesor? Un intermediario actúa para dos partes. ¿Por qué la ley tiene un mediador? Porque en la ley existe el lado de Dios y el lado del hombre.

El hombre tiene que hacer ciertas cosas para Dios antes de que éste haga ciertas cosas para el hombre. Cuando las partes A y B redactan un contrato, el contrato establece lo que A debe hacer y lo que B hará en respuesta, y viceversa. Entonces, un mediador servirá como testigo entre las dos partes. La ley establece cuál es la responsabilidad de Dios para con el hombre y cuál es la responsabilidad del hombre para con Dios. Si alguna de las partes falla, todo se pierde.
El versículo 21 dice: “¿Luego la ley es contraria a las promesas de Dios? ¡De ninguna manera!” Aquellos que tienen poco conocimiento dirán que la ley contradice a la gracia. Está bien decir que la ley y la promesa son dos cosas  completamente diferentes, pero entre ellas no hay ninguna contradicción; la ley es meramente el sirviente de la promesa. Es algo usado e insertado por Dios. La ley y la promesa pueden parecer contradictorias en naturaleza, pero en las manos de Dios no son contradictorias en ningún sentido. La ley fue usada por Dios para llevar a cabo Su propósito. Sin la ley, la promesa de Dios no se habría cumplido. Por favor recuerden que Dios usa la ley para cumplir con Su meta. Por consiguiente, la ley y la promesa no se contradicen entre sí en nada.
Pablo concluye de la siguiente manera: “Porque si se hubiese dado una ley que pudiera vivificar, la justicia habría sido verdaderamente por la ley” (v. 21). Si un hombre pudo obtener justicia por la ley, él podría tener vida por medio de la ley. Sin embargo, el hombre no puede hacer esto. Por lo tanto: “La Escritura lo encerró todo bajo pecado” (v. 22a).

¿Qué utilizó Dios para encerrarnos a todos? El usó la ley. Cualquiera que es encerrado por la ley debe admitir que es un pecador. Dios encierra todo bajo pecado “para que la promesa que es por la fe en Jesucristo fuese dada a los que creen” (v. 22b).  La ley de Dios es algo que El usa para salvarnos. No es algo que Dios use para condenarnos. La ley es algo usado por Dios.Todos nosotros aquí hemos sido encerrados. Cada uno de nosotros es un pecador. Dios ha usado la ley para mostrarnos que somos pecadores para así poder salvarnos.







                                       EL SIGNIFICADO Y VALOR DE ROMANOS 7
Ahora llegamos al capítulo 7 de Romanos. Hay la tendencia de sentir que este capítulo
Está mal situado en el lugar donde se halla. Nos gustaría ponerlo entre los capítulos 5 y 6. Al fin del capítulo 6 todo es tan perfecto: entonces viene un quebrantamiento completo en el capítulo7 y el grito “¡Miserable de mí!”. Entonces, ¿cuál es su enseñanza?
El capítulo 6 trata de la liberación del pecado: y el capítulo 7 de la liberación de la ley.
En el capítulo 6 Pablo nos ha relatado cómo podemos ser liberados del pecado y suponíamos que eso fue todo lo que hacía falta. El capítulo 7 ahora nos enseña que la liberación del pecado no basta, sino que también necesitamos liberación de la ley. Si no somos del todo emancipados de la ley, nunca podremos experimentar la plena emancipación del pecado, pero ¿cuáles la diferencia entre la liberación del pecado y la liberación de la ley? Todos conocemos el significado de la liberación del pecado, pero necesitamos conocer también el significado de la ley, si hemos de apreciar nuestra necesidad de liberación de ella.

                                           LA INHABILIDAD TOTAL DEL HOMBRE

Muchos, aunque verdaderamente salvos, se hallan impedidos por el pecado. No viven
Necesariamente bajo el poder del pecado todo el tiempo, pero hay ciertos pecados que les impiden continuamente y así cometen los mismos pecados repetidas veces. Un día oyen el mensaje pleno del Evangelio, que el Señor Jesús no sólo murió para borrar nuestros pecados, sino que cuando murió nos incluyó a todos en su muerte; siendo así que no se trata solamente con nuestros pecados, sino con nosotros mismos también. Sus ojos son abiertos y saben que han sido crucificados, inmediatamente dos cosas siguen a aquella revelación. En primer lugar, ellos cuentan con que han muerto y resucitado con el Señor y, en segundo lugar, ceden a los derechos del Señor. Ellos ven que no tienen más derecho sobre sí mismos. Este es el comienzo de una hermosa vida cristiana llena de alabanza al Señor. Luego el creyente empieza a pensar en esta manera: “He muerto con Cristo, soy resucitado con Él, y me he entregado a Él para siempre: ahora me corresponde hacer algo para Él, dado que hizo tanto por mí. Quiero agradarle y hacer Su voluntad”. Así que después de la consagración procura descubrir la voluntad de Dios y se propone obedecerle. Entonces es cuando hace un descubrimiento extraño. Pensaba que podía hacer la voluntad de Dios y creía que amaba esa voluntad, pero poco a poco encuentra que no siempre le gusta. A veces encuentra hasta una manifiesta mala gana en obedecer: y a menudo, cuando trata de cumplir, encuentra que no puede. Entonces empieza a dudar de su experiencia espiritual. Se pregunta:
“¿Será que yo realmente sabía? ¡Sí! ¿Será que yo realmente contaba? ¡Sí! ¿Será que yo verdaderamente me entregué? ¡Sí! ¿Me he vuelto atrás de mi consagración? ¡No! ¿Entonces qué pasa ahora?”. Cuanto más este hombre procura hacer la voluntad de Dios, tanto más fracasa en cumplir. Finalmente llega a la conclusión que nunca amaba verdaderamente la voluntad de Dios: así que ora por el deseo y el poder de cumplir. Confiesa su desobediencia y promete nunca desobedecer de nuevo. Pero apenas se ha levantado de sus rodillas cuando ha fracasado una vez más: antes que llegue al punto de victoria, es consciente de derrota. Entonces se dice a sí mismo: “Puede ser que mi última decisi6n no fuera bastante definida. Esta vez vaya ser absolutamente terminante”. Así que concentra toda su voluntad sobre el asunto, sólo para encontrar que le aguarda un mayor fracaso que nunca después de la primera tentación. Entonces repite las palabras de Pablo: “Yo sé que en mí, esto es, en mi carne, no mora el bien; porque el querer el bien está en mí, pero no el hacerla. Porque no hago el bien que quiero, sino el mal que no quiero, eso hago”. (Ro. 7:18,19).


Muchos cristianos son lanzados de repente a la experiencia de Romanos 7 y no saben
Por qué. Se imaginan que Romanos 6 es bien suficiente. Habiéndolo entendido claramente, piensan que no puede haber más cuestión de fracaso, y entonces con gran sorpresa se encuentran repentinamente en Romanos 7, ¿,Cuál es la explicación? No conocen la liberación de la ley. Romanos 7 nos Es dado para explicar y llevamos a la experiencia de la verdad de Romanos
6:14: “El pecado no se enseñoreará de vosotros; pues no estáis bajo la ley, sino bajo la
Gracia”. ¿Cuál, pues, es el significado de la ley?

La gracia significa que Dios hace algo a mi favor; la ley significa que yo hago algo para
Él. Ahora, si la ley significa que Dios demanda algo de mí, la liberación de la ley quiere decir entonces que Él ya no lo demanda de mí, sino que Él mismo lo provee. La ley implica que Dios me requiere que haga algo para Él; la liberación de la ley implica que Él me exime de hacer cosa alguna para Él, y que en gracia Él mismo lo hace en mÍ. Yo (el hombre “carnal” de Ro. 7:14) no necesito hacer nada para Dios: esto es liberación de la ley. La dificultad en Romanos 7 es que el hombre en la carne trató de hacer algo para Dios. Al momento que procuras agradar a Dios, entonces te pones bajo la ley y la experiencia de Romanos 7 empieza a ser la tuya. Cuando un hombre ve que es libertado de la ley, entonces proclama: “Yo no trataré de hacer cosa alguna para Dios”. ¡Qué doctrina! ¡Qué formidable herejía! Pero la liberación de la ley significa justamente esto, que yo cese de tratar de agradar a Dios (esto es en la carne).
Debemos aclarar que la ley no tiene la culpa de nuestro fracaso. Pablo dice: “La ley a la
Verdad es santa, y el mandamiento santo, justo y bueno” (Ro. 7:12). ¡No! No hay nada mal en la ley, pero hay algo indudablemente mal en mí. Las demandas de la ley son justas, pero la persona de quien las demanda es injusta. El problema no consiste en que las demandas de la ley son injustas, sino en que yo no puedo CUMPLIRLAS. El gobierno puede estar en su derecho al demandarme el pago de $ 100, pero ¡lo malo es si yo sólo tengo $ 10 para satisfacer esa demanda!

Dios sabe quién soy. Él sabe que desde la cabeza hasta los pies estoy lleno de pecado.
Él sabe que soy la debilidad encarnada, que nada puedo hacer. El problema es que yo ignoro esto. Admito que todos los hombres son pecadores y por consiguiente soy pecador; pero me imagino que no soy tan pecador, sin esperanza, como algunos. Dios debe traemos al lugar donde veamos que somos completamente débiles e incapaces. Mientras decimos eso, no lo creemos del todo, y Dios tiene que hacer algo para que estemos plenamente convencidos del hecho. Si no fuese por la ley, nunca hubiéramos conocido cuán débiles somos. Pablo aclara esto en Romanos 7:7: “Yo no conocí el pecado sino por la ley: porque tampoco conociera la codicia, si la ley no dijera: No codiciarás”.

 Cualquiera hubiera sido su experiencia con el resto de la ley, fue el décimo mandamiento, que traducido literalmente es: “No desearás... “, el que lo encaró. Entonces, él se vio cara a cara con su total incapacidad y fracaso.
Cuanto más tratamos de guardar la ley, tanto más se manifiesta nuestra debilidad, hasta
Que se demuestra claramente que somos tan débiles que, en nosotros mismos, no nos queda esperanza alguna. Dios lo sabía antes pero no nosotros, y así Dios tuvo que traernos por experiencias dolorosas al reconocimiento del hecho. Necesitamos que nos sea demostrado, más allá de toda discusión, que somos tan débiles. Es por eso que Dios nos dio la ley. Así, con reverencia, podemos decir que Dios nunca nos dio la ley para guardada; ¡Él nos dio la ley para quebrarla! Él sabía muy bien que nosotros no podíamos observarla. Somos tan malos que Él no nos pide favor alguno ni hace demandas. Ningún hombre ha logrado hacerse aceptable a Dios por medio de la ley. En ninguna parte del Nuevo Testamento dice que la ley fue dada para ser guardada; pero sí dice que la ley fue dada para que hubiera trasgresión.
“La ley se introdujo para que el pecado abundase... (Ro.5:20). ¡La ley fue dada para
Manifestamos como quebrantadores de la ley! Indudablemente soy pecador, “pero yo no conocí el pecado sino por la ley... porque sin la ley el pecado está muerto.... pero venido el mandamiento, el pecado revivió y yo morí” (Ro. 7: 7-9). La ley es la que expone nuestra verdadera naturaleza. ¡Ay! somos tan vanidosos, nos conceptuamos tan fuertes, que Dios tiene que darnos algo para probar cuán débiles somos. Al fin lo vimos y confesamos: “Soy un pecador ciento por ciento, y no puedo hacer nada para agradar a Dios”.
Así, la ley no fue dada en la esperanza de que la guardaríamos: fue dada en el pleno conocimiento de que la quebrantaríamos, y cuando la hayamos quebrantado tan completamente que seamos convencidos de nuestra absoluta necesidad, entonces la ley habrá servido su propósito.
Ha sido nuestro ayo para llevamos a Cristo para que Él pueda guardada en nosotros. (Gá. 3:24).

                                    CRISTO, EN NOSOTROS, EL FIN DE LA LEY

Hay todavía una ley de Dios, y ahora hay un “nuevo mandamiento” que exige mucho
Más que el antiguo, pero ¡alabado sea Dios! sus demandas son cumplidas pues es Cristo quien las cumple; es Cristo quien obra en mí lo que agrada a Dios. “No he venido para abrogar, sino para cumplir (la ley)” son sus palabras (Mt. 5:17).

Así Pablo, gozando el bien de la resurrección, puede decir: “Ocupaos en vuestra salvación con temor y temblor, porque Dios es el que en vosotros produce (obra) así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Fil. 2:12,13).
Dios es el que obra en nosotros. La liberación de la ley no quiere decir que estamos
Eximidos de hacer la voluntad de Dios, sino que estamos libres de hacerla como de nosotros mismos. Desde aquí en adelante Otro lo hace en nosotros. Una vez que estamos plenamente persuadidos de que no podemos satisfacer la voluntad de Dios, ni siquiera intentamos hacerla, y ponemos nuestra confianza en el Señor, a fin de que Él manifieste en nosotros su vida de resurrección. Desde ahora en adelante si algo es hecho, debe ser el Señor únicamente quien lo haga. Infelizmente, algunos de nosotros, a pesar de saber que no podemos guardar la ley, aún procuramos hacerla. Ahora ya es Cristo quien cumple toda la ley en nosotros espiritualmente...porque ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mi...

Testimonio cristiano...
Voy a ilustrar esta verdad por lo que he visto en mi propia patria. En la China, algunos
Peones pueden llevar una carga de sal de unos ciento veinte kilos, y algunos, hasta doscientos cincuenta kilos. Pero aquí viene un hombre que sólo puede levantar ciento veinte kilos y hay una carga de doscientos cincuenta. Sabe perfectamente bien que no la puede cargar y, si es prudente, dirá: “No la tocaré”. Pero la tentación de probar es inherente en la naturaleza humana, así que, aunque es imposible que la lleve, todavía trata de hacerla. Cuando jovencito, me divertía observando a diez o veinte de esos hombres que llegaban y probaban, aunque cada uno de ellos sabía que le era imposible. Al fin tuvieron que dejar y dar lugar al que podía.
Cuanto antes abandonemos la prueba tanto mejor, porque si ocupamos el terreno entonces no queda lugar para e1 Espíritu Santo. Pero si decimos “No lo haré, confiaré en Ti para hacerlo en mí”,


Las exigencias de Dios no han cambiado, pero no somos nosotros los que podemos
Cumplirlas. Alabado sea Dios, Él es el Legislador sobre el trono, y Él es el guardador de la ley en mi corazón. Él que dio la ley, Él mismo la guarda. Él hace las demandas, pero Él mismo las cumple. Mi amigo bien podía saltar y exclamar cuando descubrió que no tenía nada que hacer, y todos los que hacen tal descubrimiento bien podría hacer lo mismo. Mientras que tratamos de hacer algo, Dios no puede hacer nada. Es por causa de nuestros esfuerzos, que fracasamos, y fracasamos, y fracasamos. Dios quiere demostrarnos que no podemos hacer nada, y hasta que eso no sea plenamente reconocido, nuestros desalientos y desilusiones no cesarán.
Un hermano que estaba tratando de luchar para ganar la victoria, me dijo: “No sé por
Qué soy tan débil”. “Lo que pasa a usted”, le dije, “es que es débil para no hacer la voluntad de Dios, pero no es suficiente débil para mantenerse del todo fuera de las cosas. Aún no es bastante débil; pero cuando está reducido a la absoluta incapacidad y persuadido de que no puede hacer nada, entonces Dios hará todo”. Todos necesitamos llegar al punto donde decimos:
“Señor, no puedo hacer ninguna cosa para Ti, pero confío en Ti para que lo hagas todo en mí”.

                                                     
                                                             “GRACIAS A DIOS”

Romanos 6 trata del “cuerpo de pecado” (6:6); Romanos 7 trata del “cuerpo de muerte”
(7:21). En el capítulo 6, todo el tema que nos presenta es el “pecado”: en el capítulo 7 nos presenta la “muerte”. ¿Cuál es la diferencia entre cuerpo de pecado y cuerpo de muerte? Mi actividad respecto al pecado hace de mi cuerpo un cuerpo de pecado: mi inactividad con respecto a la voluntad de Dios lo hace un cuerpo de muerte.
¿Has descubierto la verdad de esto en tu vida? No basta haberla descubierto en Romanos 6 y 7. ¿Has descubierto que estás llevando el peso muerto de un cadáver en relación a la
voluntad de Dios'? No tienes dificultad en hablar acerca de las cosas terrenas, pero cuando tratas de hablar para el Señor tienes impedimento en el habla; cuando tratas de orar, te sientes medio dormido; cuando tratas de hacer algo para el Señor, te sientes indispuesto. Puedes hacer cualquier cosa salvo aquellas que se relacionan a la voluntad divina. Hay algo en este cuerpo que no armoniza con la voluntad de Dios.

¿Qué significa muerte? Muerte es la debilidad en su punto extremo -debilidad, enfermedad, muerte. La muerte significa total debilidad, débil hasta tal grado que no podrá ser peor.
Que yo tenga un cuerpo de muerte en relación con la voluntad de Dios significa que soy tan débil con relación a servir a Dios, tan completamente débil, que soy reducido a un grado de lamentable desamparo. “Miserable de mí! ¿quién me librará de este cuerpo de muerte'?”, clamó Pablo (Ro. 7:24).

Es bueno cuando alguien clama como hizo él. No hay nada más melodioso en los oídos del Señor. Este clamor es el más espiritual y el más escritural que puede un hombre articular. Sólo lo hace cuando sabe que nada puede hacer y deja de hacer nuevas resoluciones.
Hasta este punto, cada vez que fracasa, hace una nueva resolución y dobla y redobla
la fuerza de voluntad. A la larga descubre que no hay posibilidad de hacer más determinaciones y clama con su desesperación: “Miserable de mí!” Ha llegado a un grado donde desespera de sí mismo.
¿Has desesperado de ti mismo o todavía esperas que si leyeras u oraras más serás mejor
Cristiano'? El leer y el orar no son cosas equivocadas, pero la equivocación es confiar en ellos para la victoria. Nuestra confianza debe estar en Cristo sólo. Felizmente el “miserable hombre” no meramente deplora su miseria, sino hace una pregunta excelente, a saber: “¿Quién me librará'?”

“¿.Quién?” Hasta aquí ha buscado un 'algo', ahora busca un 'quien'. Hasta aquí ha mirado adentro por la solución de su problema: ahora busca un Salvador fuera de sí mismo.
No pone más en juego el esfuerzo propio; toda su expectativa está ahora en Otro.
¿Cómo obtuvimos el perdón de los pecados'? ¿Fue por la lectura, la oración, las caridades, etc.? No, miramos a la Cruz, confiando en lo que el Señor había hecho, y la liberación del pecado opera exactamente sobre el mismo principio que el perdón de pecados. En el asunto del perdón miramos a Él sobre la Cruz: en el asunto de la liberación miramos a Él en nosotros.
Acerca del perdón dependemos de aquello que Él ha hecho: en relación a la liberación dependemos de lo que Él hará en nosotros. Pero en relación tanto al perdón como a la liberación, nuestra dependencia será de Él sólo. Él es quien hace todo.


En el tiempo cuando fue escrita la epístola a los Romanos, era castigado un asesino en
una manera rarísima y terrible. El cadáver del muerto era atado al cuerpo viviente del asesino; cara a cara, mano a mano, pie a pie; y el viviente quedaba ligado al muerto hasta la muerte. Estaba libre el asesino de ir donde quisiera, pero por doquier tenía que arrastrar el cadáver del muerto. Pablo se sintió ligado a un cuerpo muerto e incapaz de librarse. Donde quiera que fuera, fue impedido por esta carga terrible. A la larga no pudo aguantar más y clamó: “Miserable de mí! ¿Quién me librará de este cuerpo de muerte?” Pero su grito desesperado es seguido inmediatamente por un canto de alabanza. Esta es la contestación a su pregunta. “Gracias
Doy a Dios, por Jesucristo Señor nuestro” (Ro. 7:25).

Sabemos que la justificación es por medio del Señor Jesús y que no requiere obra de
Nuestra parte; pero creemos que la santificación depende de nuestros esfuerzos.

 Creemos que solamente obtenemos el perdón por confianza completa en el Señor; pero creemos que sólo podemos obtener liberación con hacer algo nosotros. Tememos que si no hacemos nada, nada sucederá. Después de la salvación, la vieja costumbre de hacer algo se afirma de nuevo y comenzamos otra vez nuestros esfuerzos propios. Entonces la Palabra de Dios se oye de nuevo:
“Consumado es”. Él ha hecho todo en la Cruz para mi perdón y va a hacer todo en mí para mi liberación. En ambos casos, Él es el Hacedor. “Dios es el que en vosotros produce el querer como el hacer” (Fil. 2: 13).

Las primeras palabras del hombre liberado son muy preciosas: “Gracias doy a Dios”. Si
alguien te da un vaso de agua, le agradeces a él, no a ningún otro. ¿Por qué dijo Pablo: “Gracias doy a Dios”? Porque Dios era el que hizo todo. Si hubiera sido Pablo quien lo hiciera, habría dicho: “Gracias doy a Pablo”; pero él vio que Pablo era un “miserable” y que sólo Dios podía atender a su necesidad. Así que él dijo: “Gracias doy a Dios”. Dios quiere hacer todo porque Él quiere toda la gloria. Si nosotros hiciéramos parte de la obra entonces nos tocaría algo de la gloria; pero Dios la quiere toda, así que Él hace toda la obra del comienzo hasta el fin.
Lo que hemos dicho en este capítulo podría parecer negativo y no muy práctico si quedásemos aquí, como si la vida cristiana consistiera en sentarnos y esperar que algo suceda. Por supuesto, es cosa muy distinta. Todos los que la viven, saben que es asunto de una fe en Cristo muy positiva y activa, y en un nuevo principio de vida: la ley del Espíritu de vida. Pablo explica en los primeros nueve versículos del capítulo 8 cómo obtenemos la liberación y cómo somos capacitados para vivir una vida santa en el mundo. Él muestra que es todo por el Espíritu Santo... 

LUEGO SUBIRÉ UN ARTICULO SOBRE LAS DOS NATURALEZAS LA ESPIRITUAL Y LA CARNAL

El Juicio del Trono Blanco y el Tribunal de Cristo.

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- Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo. Porque escrito está: Vivo yo, dice el Señor, que ante mí se doblará toda rodilla, Y toda lengua confesará a Dios. De manera que cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí (Romanos 14:10-12)

Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo (2 Corintios 5:10)

Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego
(1 Corintios 3:11-15)

 Tanto los creyentes como los incrédulos compadeceremos ante Cristo. El juicio de los salvos será distinto al de los que no son salvos. Los juicios tienen diferentes nombres. Los salvos compareceremos ante el tribunal de Cristo; los incrédulos comparecerán ante el Gran Trono Blanco.

 Los dos juicios estarán separados por un tiempo de poco más de mil años. ¿Cuando será el Tribunal de Cristo? Los santos de todas las edades comparecerán para ser juzgados cuando Cristo regrese. El apóstol Pablo le encomendó a Timoteo: «Te encarezco delante de Dios y del Señor Jesucristo, que juzgará a los vivos y a los muertos en su manifestación y en su reino» (2 Timoteo 4:1).

Tal testimonio concuerda con exactitud con las palabras de Cristo, cuando dijo: «…el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras» (Mateo 16:27). 

La Biblia lo pone en claro: Ni los creyentes ni los incrédulos serán juzgados hasta que Cristo venga. 

Los creyentes aparecerán primero ante el Señor en el tribunal de Cristo. Todos los que no creyeron en Jesucristo como Salvador personal serán juzgados mil años después ante el gran trono Blanco. En el día establecido, todas las cosas saldrán a la luz y serán evaluadas honestamente. Cristo enseñó que: «nada hay encubierto, que no haya de descubrirse; ni oculto, que no haya de saberse. Por tanto, todo lo que habéis dicho en tinieblas, a la luz se oirá; y lo que habéis hablado al oído en los aposentos, se proclamará en las azoteas» (Lucas 12:2, 3)

.La regla de juicio ante el Gran Trono Blanco y el tribunal de Cristo será la Palabra de Dios. 

Jesucristo dijo: «…la palabra que he hablado, ella le juzgara en el día postrero» (Juan 12:48). Romanos 14:12 enseña que todos darán cuenta a Dios, uno por uno.

 Los santos de todas las épocas estarán en el tribunal de Cristo, pero ninguna persona que no es salva se presentará entonces. Observe la repetición que encontramos en Romanos 14:10 y 12: «…todos compareceremos ante el tribunal de Cristo…cada uno de nosotros dará a Dios cuenta de sí».

 El apóstol Pablo se refería a «nosotros», los creyentes. Si usted es creyente, rendirá cuentas a Dios ante el tribunal de Cristo. Los que no son salvos tendrán su propio juicio. Este juicio se describe en Apocalipsis 20:11 como el juicio del «Gran Trono Blanco».

                                 ¿Cómo es este juicio distinto al del tribunal de Cristo?

Considere lo siguiente: (1) Los santos de Dios que están muertos y se encuentran en reposo serán resucitados y arrebatados, y nosotros los que estemos vivos para el rapto, igualmente seremos arrebatados pero sin ver muerte (1 Tesalonicenses 4:13 al 18) para vivir y reinar con Cristo por mil años junto con los que también mueran mártires de la Gran tribulación (Apocalipsis 7:9 al 17)(Apocalipsis 20:4). . (2) Los que son llamados «los otros muertos», los que no son salvos, han de ser levantados al final del reinado milenial de Cristo en cuerpos de carne y hueso (Apocalipsis 20:13).

Así que sólo los que no son salvos serán levantados después del reino milenial, pues los salvos ya han sido resucitados para reinar con Cristo. (4) Aquellos de la «segunda resurrección» son los que comparecerán ante el Gran Trono Blanco.

 No hay referencias sobre recompensas que han de darse entonces, sino más bien la tremenda declaración que dice: «Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego» (Apocalipsis 20:15). Es evidente que el juicio del tribunal de Cristo es el juicio de los creyentes con relación a las recompensas, mientras que el del Gran Trono Blanco es el de los no salvos.

Si se determina por la resurrección quién es salvo y quién no, ¿por qué es necesario un juicio? El tribunal de Cristo tiene varios propósitos significantes...VEMOS

 El tribunal de Cristo no es para determinar si uno es salvo o no. La palabra de la que se tradujo «tribunal» es bema en el lenguaje griego. Ese era el término usado para describir el lugar del juez en las competencias de atletismo. Desde ese lugar especial, el juez entregaba los premios a los ganadores. De modo que el «bema de Cristo» (tribunal de Cristo) señala un lugar donde se premiará el servicio fiel. El que no es salvo no se presentará ante tal tribunal. Se trata de pasar a juicio las obras de los redimidos a fin de premiar el fiel servicio a Dios. El tribunal de Cristo traerá una armonía completa a los creyentes entre sí y también entre ellos y el Señor. Al juzgarse las obras, lo bueno será premiado y lo impuro será eternamente descartado.

 Ninguna cosa que estropee la comunión entre Cristo y el creyente será permitida. Serán borradas también todas las diferencias que hayan existido entre creyentes. Las buenas obras serán premiadas y las malas serán quemadas. Nada quedará sino sólo lo bueno. El pueblo de Dios tendrá compañerismo y gozo perfectos por la eternidad. «¡Voz de tus atalayas! Alzarán la voz, juntamente darán voces de júbilo; porque ojo a ojo verán que Jehová vuelve a traer a Sion» (Isaías 52:8). En el tribunal de Cristo se recompensará el servicio fiel: «…Ciertamente hay galardón para el justo; Ciertamente hay Dios que juzga en la tierra» (Salmos 58:11).Cristo anunció: «He aquí yo vengo pronto, y mi galardón conmigo, para recompensar a cada uno según sea su obra» (Apocalipsis 22:12).

El apóstol Pablo comprendió esa verdad y escribió: «Por tanto procuramos también, o ausentes o presentes, serle agradables. Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo» (2 Corintios 5:9, 10).
El tribunal de Cristo honrará a los siervos fieles de Dios: «Así que, no juzguéis nada antes de tiempo, hasta que venga el Señor, el cual aclarará también lo oculto de las tinieblas, y manifestará las intenciones de los corazones; y entonces cada uno recibirá su alabanza de Dios» (1 Corintios 4:5).

 Los fieles estarán ante Su presencia, «delante de su gloria con gran alegría» (Judas 24).El tribunal de Cristo manifestará el grave pecado de no servir a Dios. Imagínese usted a una persona que ve su vida pasar por las llamas, o sea, que sus obras se quemen cuando sean pasadas por el fuego (2Corintios 3:11 al 15) sin que nada quede, debido a que vivió para sí misma y no para el Señor Jesucristo. Unos creen que es entonces cuando se derramarán las lágrimas: «Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos…» (Apocalipsis 21:4). Cuánto mejor que uno sea recompensado por obras duraderas en vez de ser reprochado por obras que desaparecen en el fuego. El tribunal de Cristo determinará el lugar de cada creyente en el reino milenial de Cristo.

Jesús nos dio una parábola que ilustra esta verdad; se encuentra en Lucas 19:12-27.Jesucristo enseñó por medio de la parábola en cuestión que en Su regreso, llamará a Sus siervos y los recompensará de acuerdo a la fidelidad que tuvieron durante Su ausencia. Su recompensa fue expresada en la parábola como el tener autoridad sobre ciertas ciudades. Muchos interpretan esto como si el tribunal de Cristo determinará el lugar donde cada creyente tendrá parte en el reino milenial que será poco después del juicio para las recompensas. Esta interpretación parece ser una aplicación válida de la enseñanza: «Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar... y vivieron y reinaron con Cristo mil años» (Apocalipsis 20:4).El juicio vendrá. Usted tendrá que rendir cuentas a Dios. Si es salvo, dará cuenta en vista de ser premiado. Si no es salvo, dará cuenta en vista del castigo. «…ahora, hijitos, permaneced en él, para que cuando se manifieste, tengamos confianza, para que en su venida no nos alejemos de él avergonzados de el. 1 Juan 2:28.

                                                       LOS DOS JUICIOS DE DIOS

 ¿Estará Usted Delante de Dios Como Un Hijo Amado, O Como Un Criminal.
 De acuerdo con la Palabra de Dios, no hay ―escapes‖ legales, y ningún buen abogado puede ayudarle a escapar de la condena. Es uno o el otro, ¡punto! Todo ser humano que ha vivido alguna vez, o vivirá, tiene que enfrentar esa inescapable cita y sin errores—porque prevalecerá la justicia perfecta.
Algunos hermanos cristianos han errado, al enseñar que hay un solo juicio general, porque la Biblia, dicen ellos, no enseña otra cosa. Otros están confundidos sobre las diferentes resurrecciones y la cronología de ellas, así que, en un esfuerzo para ayudar a enfocar el asunto mejor, y con esperanzas de aclarar los malos entendidos, ofrecemos los siguientes comentarios.

Para validar cualquier posición, esta debe concordar con toda la Escritura, y no contradecir lo que está claramente establecido –porque la Palabra de Dios no se contradice a sí misma, si se ―usa‖ bien (2 Timoteo 2:15). Desafortunadamente, muchos se adhieren a creencias que violan este principio. El juicio general de toda la humanidad es un asunto a considerar. La siguiente referencia establece claramente que los creyentes de la Era de la Iglesia—Cristianos—serán juzgados en el ―Juicio del Tribunal de Cristo‖:
Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.‖ 2 Corintios 5:10
¿A quién se refiere el Apóstol Pablo aquí? Note que el dice ―…todos nosotros comparezcamos …‖ ¿Significa esto todo hombre donde quiera, sin distinción? ¡No en absoluto! Las reglas gramaticales –específicamente el contexto—requieren que analicemos esta declaración antes de saltar a conclusiones injustificadas. ¿A quién se refiere cuando dice ―nosotros‖ aquí? Bueno, si tomamos el tiempo de considerar el hecho de que este verso o declaración es parte de la epístola de Pablo a los creyentes en Corinto, ¡la pregunta se responde sola! ―Nosotros‖ incluye a Pablo también, además del ―todos‖, restringe la declaración a los creyentes—no cualquier persona en todo el mundo, como es el caso del juicio general. Luego, cuando unimos esto con el hecho de que el ―tribunal de Cristo‖ es ―bema‖ en griego, descubrimos una inclinación totalmente diferente en las cosas. ¿Qué es un ―bema‖? la Concordancia Exhaustiva Strong de la Biblia nos dice lo siguiente:
Bema, Griego 968, Strong
Bema, bay’-ma, de la base del Griego 939 (base); un paso, por ejemplo tribunal: -asiento-juicio, poner (pie) en, trono. (Énfasis mío).

La imagen mental que Pablo nos proyecta, tiene que ver con sus métodos favoritos de ilustración—los deportes de su tiempo—los juegos Greco-Romanos. El bema era una plataforma alta, sobre la cual, los varios jueces de las diversas competencias atléticas se paraban cuando premiaban a los ganadores. ¿Suena eso como el asombroso pulpito del juez –uno quien tiene el poder de la vida y la muerte en sus manos? ¡De ninguna manera! Esta es una imagen de gran consuelo para el creyente, porque combina el aspecto solemne de juicio con el de que guarda potencial recompensa. ¡Nuestro misericordioso y benevolente Dios ha prometido que el servicio de fe no se ira sin recompensa!
Note lo que dice Pablo en 1 Corintios 3:11-15.
Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. 12Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, 13la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. 14Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. 15Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego.‖ 

Jesucristo se sentará a juzgar las obras de los miembros de Su Cuerpo, de Su Novia, la Iglesia, probándolos con fuego. Note el orden descendente de su relativa dignidad: ―Oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca.‖ El oro, plata y piedras preciosas resistirán el calor, pero la madera, heno y hojarasca serán quemados. El Señor
determina el grado de valor y el fuego revela el resultado. Si las obras del creyente son totalmente consumidas por el proceso, y por lo tanto se muestran indignas, el/ella sufrirá, no será el ―ganador de la carrera‖, pero su salvación nunca se cuestiona. Ese punto fue totalmente pagado en la cruz del Calvario.
La Iglesia es una entidad separada de Israel, la infiel esposa de Jehová en el Antiguo Testamento, y nosotros no debemos empañar la distinción entre ellas. Note que los profetas del Antiguo Testamento nunca ―vieron‖ la Iglesia, porque era un misterio divino- no revelado como Escritura hasta que Pablo tuvo el privilegio de hacerlo. Ellos miraban sobre la Iglesia, como si fuera un valle entre dos picos de montaña, y veían solo el reinado Milenial del Mesías. Los santos del Antiguo Testamento no tuvieron parte en la Iglesia, porque ellos vivieron y murieron en un pacto totalmente diferente—
Ley en lugar de Gracia.
 ¡Por lo tanto, obviamente se requiere otro juicio para ellos, para no mencionar aquellos salvados durante el Periodo de Tribulación después de que sea levantada la Iglesia y luego aquellos del Milenio mismo!
En este punto, probablemente sea útil discutir las resurrecciones asociadas con estos juicios. Basados en Apocalipsis 20:4-6, la mayoría (exceptuando aquellos que insisten en un juicio general) opina que habrá solo dos –uno antes del Milenio, y otro inmediatamente después – del juicio del ―Gran Trono Blanco‖ de Apocalipsis 20:11.
―Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años. 5Pero los otros muertos no volvieron a vivir hasta que se cumplieron mil años. Esta es la primera resurrección. 6Bienaventurado y santo el que tiene parte en la primera resurrección; la segunda muerte no tiene potestad sobre éstos, sino que serán sacerdotes de Dios y de Cristo, y reinarán con él mil años.‖

―Ellos volvieron a vivir‖ obviamente denota una resurrección, porque habían sido ―decapitados‖. Esta resurrección y no la del verso 5 tiene que ser la ―primera resurrección‖, porque la resurrección de los perdidos ciertamente no es la de aquellos ―benditos y santos‖ (vs. 6). La estructura de la oración es confusa, pero el sentido común la ordena, así que, esta ―primera‖ resurrección es enfatizada como distinta de aquella en la que los perdidos resucitarán al final del Milenio. Pero, ¿será la ―primera‖ resurrección un solo evento? Insistimos en que no puede ser el caso, porque hubo una resurrección de santos al tiempo de la muerte de Cristo (Mateo 27:52).
¿Cómo debe verse esto entonces, si solo hay dos? Obviamente esto forma una tremenda encrucijada. Una que es usualmente ―resucitada‖ (puesta apropósito) para discutir contra el Rapto de la Iglesia. Para decir que un evento ―primero‖ no necesariamente lo excluye de contener varias partes, porque ―primero‖ es un término relativo. Pero el examen mostrará que la 2da. Guerra Mundial consistió en al menos dos guerras separadas –una en Europa contra Alemania, y una en el Pacífico contra Japón—con la guerra en Europa concluyó primero la de Japón. Lo mismo es cierto para las resurrecciones. La ―primera‖ resurrección ya vio completarse un elemento, con más por llegar en el futuro
Note que Pablo les dice a los creyentes en 1ra. Tesalonicenses 3:13 que el Señor vendrá ―con todos Sus santos‖. ¡Eso significa que en el Rapto, aquellos santos del Antiguo Testamento resucitados con Cristo, vendrán con El a recibir a la Iglesia! Encontramos esta resurrección en Mateo 27:
“Y he aquí, el velo del templo se rasgó en dos, de arriba abajo; y la tierra tembló, y las rocas se partieron; y se abrieron los sepulcros, y muchos cuerpos de santos que habían dormido, se levantaron; y saliendo de los sepulcros, después de la resurrección de él, vinieron a la santa ciudad, y aparecieron a muchos.” Mateo 27:51-53
Hablando técnicamente, Cristo fue resucitado primero –porque El es ―el primogénito de los muertos‖ (Colosenses 1:18), pero los santos del Antiguo Testamento fueron resucitados simultáneamente. El tipo de simbolismo del Antiguo Testamento para la resurrección de Cristo era aventar el grano de trigo (quitar la cáscara del grano) (Levítico 23:10-12) y el uso de este símbolo, definitivamente indica pluralidad.
“De cierto, de cierto os digo, que si el grano de trigo no cae en la tierra y muere, queda solo; pero si muere, lleva mucho fruto.” (Juan 12:24)
El grano de trigo (Cristo) fue enterrado y salió como un manojo de muchas semillas. La inferencia es que esta resurrección ―deshabitó‖ el paraíso de sus habitantes. (La tumba, la morada de la muerte—sheol en Hebreo y hades en Griego—consisten aparentemente en dos ―compartimientos‖: el Paraíso, el lugar para los escogidos de Dios—y el hades mismo, el lugar de tormento.
 Esto lo inferimos de la enseñanza del Señor concerniente al ―hombre rico y Lázaro‖ en Lucas 16:19-31)
Luego en Efesios capitulo cuatro, el Apóstol Pablo cita a Salmo 68:18 y dice:
“Por lo cual dice: Subiendo a lo alto, llevó cautiva la cautividad, Y dio dones a los hombres.” Efesios 4:8
La ilustración es de un general conquistador, guiando a su ejército triunfante en su ciudad natal, para mostrar el ―botín de guerra‖ –la gente cautiva y sus posesiones. Esto habla del triunfo de Cristo sobre el pecado y la muerte—lo que hacía al hombre cautivo—entonces El tomó cautiva a la cautividad misma, liberando a los redimidos de sus ataduras. Necesitamos también notar que dice ―…y dio dones a los hombres‖. El general triunfante frecuentemente desplegaba su generosidad lanzando dinero a la multitud que le adoraba, y aun a aquellos que eran sus cautivos –permitiéndoles por lo tanto compartir su riqueza. El Señor no solo lleva a Sus santos al cielo, sino que graciosamente también les recompensa.
Así que cuando regresamos a nuestro texto en 1 Tesalonicenses, encontramos que unos cuantos versos después, en el capítulo cuatro, Pablo explica el Rapto. El contexto de esos dos pasajes define lo que el llama ―viniendo con todos Sus santos‖ –y esto significa que el está hablando de los creyentes del Antiguo Testamento. El Rapto, que envuelve la resurrección de ―los muertos en Cristo‖, tendrá lugar después, con la resurrección de los santos muertos en la Gran Tribulación, para completar ―la primera resurrección‖. Los santos del Milenio son un problema por separado, para el cual no podemos ofrecer una respuesta definitiva de las Escrituras. Puede suceder una de dos cosas, (1) ninguno de los elegidos de Dios morirá durante el Milenio, o (2) si muere, su resurrección será necesariamente la ―instancia final‖ en la primera resurrección. La longevidad de la vida que gozaba el hombre previo al diluvio será restaurada durante ese tiempo (Isaías 65:20), así que no está en duda el vivir los 1000 años. (En la voluntad de Dios, estare escribiendo otro artículo, que habla del Milenio más detalladamente).

Pero volviendo al tema que nos atañe – Apocalipsis 20:4 lanza una interesante pregunta, así que volvamos a ver lo que dice, para luego comentar.
“Y vi tronos, y se sentaron sobre ellos los que recibieron facultad de juzgar; y vi las almas de los decapitados por causa del testimonio de Jesús y por la palabra de Dios, los que no habían adorado a la bestia ni a su imagen, y que no recibieron la marca en sus frentes ni en sus manos; y vivieron y reinaron con Cristo mil años.”
Ahora, Juan los ve como resucitados y reinando con Cristo durante el Milenio. Algunos de ustedes tal ves esté diciendo, ¡―Pero yo siempre pensé que la Iglesia iba a reinar con Cristo! ¿Qué pasa aquí?‖ Bueno, ―reinar‖ de alguna forma es un asunto de semántica, porque debemos recordar que los 12 Apóstoles juzgarán las 12 Tribus de Israel durante el Milenio. (Mateo 19:28 y Lucas 22:30). Ellos actuarán como gobernadores – como también los mencionados en el verso arriba – y ese es el significado de la palabra Griega traducida ―reino‖-
basileuo, Griego 936, Strong basileuo, bas-il-yoo'-o; del Griego 935 (basileus); para gobernar (literal o figurativo):- rey, reino. (Énfasis mío).
¡De todas maneras, la Iglesia es exaltada a un status mucho más alto! Recuerde que nosotros fuimos escogidos ―en‖ Cristo desde antes de la fundación del mundo (Efesios 1:4). Esa frase ―en Cristo‖ se repite una y otra vez a través de todo el Nuevo Testamento, y cuando comprendemos el hecho de que la Iglesia es la Esposa de Cristo, y el matrimonio hace que ―dos se conviertan en una sola carne‖ (Mateo 19:5-6), el siguiente verso adquiere un significado mayor:
“Al que venciere, le daré que se siente conmigo en mi trono, así como yo he vencido, y me he sentado con mi Padre en su trono.” Apocalipsis 3:21 (énfasis mío).
Somos coherederos con Cristo, de acuerdo con lo siguiente:
“Y si hijos, también herederos; herederos de Dios y coherederos con Cristo, si es que padecemos juntamente con él, para que juntamente con él seamos glorificados.” Romanos 8:17 (énfasis mío)
Ser un coheredero con Cristo obviamente coloca a la Iglesia mucho más allá de aquellos que meramente gobiernan, y ese pensamiento debería humillarnos en gran manera.
Ya que hemos explorado el Juicio del Tribunal de Cristo, ¿Qué sucede con el juicio del Antiguo Testamento, Periodo de Tribulación, y santos del Milenio? En Mateo 25:32 encontramos que cuando Cristo separa ―las ovejas de las cabras‖ en la Segunda Venida, el contexto del capítulo indica que hay un juicio. Esto se ve claramente en Apocalipsis 20:4 citado anteriormente, que los santos mártires del Período de Tribulación son resucitados en ese momento, y tendrán que ser juzgados después de que reciban sus cuerpos glorificados (1 Corintios 15:35-54, **sigue explicación) para reinar con Cristo durante el Milenio. Los santos que sobrevivan al Periodo de Tribulación entrarán al Reino con sus cuerpos terrenales –pero, ¿Qué de los santos del Antiguo Testamento? A través de la historia, a ellos se les prometió que estarían en el reino Milenial del Mesías, así que la lógica dice que se les deberá dar cuerpos glorificados y
juzgárseles en algún punto, antes de heredar el Reino. Recuerde que Job dijo ―en mi carne he de ver a Dios‖ (Job 19:26), así que parece razonable concluir que los santos del Antiguo Testamento, o tenían sus cuerpos glorificados y fueron juzgados en ese tiempo de su resurrección en Mateo 27:52, o estarán en el juicio de ―las ovejas y las cabras‖ previo al Milenio. Yo tiendo a creer lo último.
**Cuerpos glorificados- En la referencia de 1 Corintios arriba, Pablo deja bien claro que ―carne ni sangre‖ heredarán el Reino de los Cielos (vs. 50). En contexto directo, el está hablando de los Cristianos, y en el verso 51 inmediatamente revela el secreto divino -―misterio‖- sobre el Rapto de la Iglesia. En Filipenses 3:21, Pablo tiene que decir esto sobre lo que Dios hará por nosotros:
“El cual transformará el cuerpo de la humillación nuestra, para que sea semejante al cuerpo de la gloria suya, por el poder con el cual puede también sujetar a sí mismo todas las cosas.” (Énfasis mío)
Ahí es donde se origina el término ―cuerpo glorificado‖. Mientras estemos en este ―cuerpo humillado‖ –este cuerpo depravado, caído, y pecaminoso-- ¡no podemos estar en la presencia de Dios! Su santidad no lo permitirá. Esa es la razón por la que debemos ser ―cambiados en un momento, en un abrir y cerrar de ojo‖ (1 Corintios 15:52), y recibir un cuerpo perfectamente glorificado, tal como el de nuestro Salvador. Y aunque la Biblia no habla específicamente de que esto se haga para alguien más que la Iglesia, parece razonable concluir que el resto de los santos de Dios pasarán por el mismo proceso, antes de ser admitidos delante de Su presencia.
Hebreos 9:27 dice:
“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”.
Así que, con esto en mente –o sea, que el hombre tiene que morir antes de ser juzgado- , ¿Qué pasa con los hombres, mujeres, niños y niñas que sobrevivan al Periodo de Tribulación y entren en el Milenio? Todos se salvarán—100% de ellos, porque el resto ha sido juzgado y enviado al infierno—y es posible que muchos, si no todos, vivirán los 1000 años completos, porque la longevidad será restituida. Pero ahí están aquellos que insisten en que el Reino será espiritual, y ningún humano pecador entrará en él. A aquellos que sostienen este punto de vista, yo les debo hacer la pregunta obvia, ¿de cuál grupo sacará Satanás su ejercito, después que se completen los 1000 años? Apocalipsis 20:8 dice de Satanás, luego de su derrota:
“Y saldrá a engañar a las naciones que están en los cuatro ángulos de la tierra, a Gog y a Magog, a fin de reunirlos para la batalla; el número de los cuales es como la arena del mar.” (Énfasis mío).
La palabra griega traducida ―naciones‖ es ethnos, y se refiere a raza o etnia, y debemos notar que es naciones –plural. Satanás convenció a innumerables ángeles a seguirlo en su rebelión antes de la creación, pero esta vez, son los humanos quienes claramente se observan.
Muchos millones de niños sin duda nacerán durante este periodo de mil años, y es lógico que gran numero de ellos creerá en Cristo, y lo recibirá como su Salvador (pero
otros millones no lo recibirán, y a fin de cuentas, esos son quienes seguirán al maligno, y finalmente serán devorados por el fugo –Apocalipsis 20:9). ¿Cuándo morirán los santos del Milenio y serán juzgados? De acuerdo con el verso de Hebreos 9:27, la muerte debe preceder al juicio, así que definitivamente esta es una pregunta legitima. Otra vez, debemos ―leer entre líneas‖ para llegar a una conclusión. Después de la rebelión, Satanás será finalmente y para siempre lanzado al lago de fuego, ―donde están la bestia y el falso profeta.‖ Recuerde que la ―bestia y el falso profeta‖ fueron lanzados al fuego previo al Milenio, ¡y ahora la malvada trinidad estará junta por primera vez desde el Periodo de Tribulación! El verso 11 luego nos habla sobre el ―Gran Trono Blanco‖, donde Cristo se sentará en juicio. Continuando con el verso 12 leemos.
“Y vi a los muertos, grandes y pequeños, de pie ante Dios; y los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto, el cual es el libro de la vida; y fueron juzgados los muertos por las cosas que estaban escritas en los libros, según sus obras. 13Y el mar entregó los muertos que había en él; y la muerte y el Hades entregaron los muertos que había en ellos; y fueron juzgados cada uno según sus obras. 14Y la muerte y el Hades fueron lanzados al lago de fuego. Esta es la muerte segunda. 15Y el que no se halló inscrito en el libro de la vida fue lanzado al lago de fuego.” Apocalipsis 20:12-15
Mi opinión personal es que la primera aplicación de este pasaje trata sobre las muertes de todas las épocas, por el repetido énfasis sobre la palabra ―muerte‖. Esta interpretación ha sido creída y enseñada por pastores conservadores por siglos, ¡pero se nos deja con el problema de los santos del Milenio! ¿Qué pasa con ellos? ¿Podría yo sugerir que otra ―traducción‖ instantánea –otro Rapto—podría ocurrir en ese punto con los justos elegidos, a los que se les da cuerpos glorificados, y juzgados consecuentemente? Note la construcción del verso 15 –como deja abierta la posibilidad de que el nombre de alguien se encuentre en el libro de la vida. Dado que el verso esta en sentido negativo (―no se encontró‖), veamos como lo dice la Biblia Amplificada:
“Y si el nombre de alguien no se halló inscrito en el libro de la vida, ese fue lanzado al lago de fuego.”
El término ―si‖ es importante, porque se vería como si el Espíritu Santo hubiera dicho, ―ya que no se halló ningún nombre‖ –como si el 100% de los juzgados se hubiera perdido.
Y aunque lo veamos brevemente, note que en el verso 12 menciona dos tipos de libros: ―…los libros fueron abiertos, y otro libro fue abierto…‖ el otro libro es identificado como si fuera el libro de la vida-conteniendo los nombres de todos y cada uno de los individuos escogidos (elegidos) por Dios para vida eterna. Pero, ¿Por qué los libros, en plural? Aparentemente, ellos contienen el archivo completo de la vida de cada individuo, de acuerdo con lo que establece el Señor en el siguiente pasaje:
“Mas yo os digo que de toda palabra ociosa que hablen los hombres, de ella darán cuenta en el día del juicio.” Mateo 12:36
Necesariamente esto se refiere a aquellos que están perdidos, por las palabras del Señor en Juan 5:24:
“De cierto, de cierto os digo: El que oye mi palabra, y cree al que me envió, tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida.” (Énfasis mío)
Dios juzgará las obras de los creyentes, y les dará recompensas, si se las han ganado, pero la vida de los no creyentes será juzgada, y se les administrará castigo inmediatamente. ¿En cuál grupo se encuentra usted?
Si usted ha aceptado a Jesucristo como su Salvador personal, pero ha sido muy tibio en su caminar espiritual con El, usted necesita pedirle inmediatamente perdón y renovación. El lo perdonará instantáneamente, y llenará su corazón con el gozo del Espíritu Santo. Entonces, necesita iniciar un caminar diario de oración y estudio personal de la Biblia.

Si usted nunca ha aceptado a Jesucristo como Salvador, pero ha comprendido Su realidad y el Fin de los Tiempos que se acerca, y quiere aceptar Su regalo GRATIS de la Vida Eterna, usted puede hacerlo ahora, en la privacidad de su hogar. Una vez lo acepte a El como Salvador, usted habrá Nacido de Nuevo, y tendrá el Cielo tan seguro como si ya estuviera allí. Entonces, podrá descansar seguro de que el Reino del Anticristo no lo tocará espiritualmente

domingo, 21 de agosto de 2016

¿La salvación se puede perder?

                                                  ¿La salvación se puede perder?
Muchos cristianos a través de la historia y en nuestro tiempo, han creído y creen que es posible perder la salvación. Aunque después de la Reforma Protestante las Iglesias Evangélicas enseñaban en unanimidad la imposibilidad de perder la salvación, la paz no duró mucho tiempo, pronto se levantaron detractores influenciados por fuerzas contrarias a la Reforma quienes comenzaron a enseñar que sí era posible perder la salvación. Aquel movimiento opositor creció, tomó fuerza y hasta hoy continúa el debate. En la actualidad, no se dice mucho que "la salvación se pierde" sino que existe también una nueva “retórica” entre ellos. Ahora dicen que la salvación “no se pierde sino que se rechaza”
.
Pero a fin de cuentas es lo mismo, “alguien que iba camino al cielo ayer, puede estar con rumbo al infierno mañana”. Pero nos preguntamos ¿Cómo se rechaza? ¿Cómo Se pierde? Se pierde o se rechaza, dicen ellos, por lo menos de dos formas. Sí, existen dos maneras de rechazar la salvación que ha sido obtenida.
Unos dicen que se pierde “por pecar” y otros que se pierde por “dejar de creer”. Al final de este estudio analizaremos ambas teorías a la luz de la Biblia.

                               ¿En qué consiste la seguridad de la salvación eterna del Creyente?

≪La seguridad eterna es la obra de Dios que garantiza que el don de la salvación, una vez recibido, es para siempre y no puede perderse≫.
Al llegar a este punto, creo que es necesaria de todo punto una distinción entre ≪seguridad≫ y ≪certeza≫. La seguridad es algo ≪objetivo≫, que está en las manos de Dios (Jn. 10:28-29) y no se puede perder jamás; la certeza es algo ≪subjetivo≫, que está en la mente del creyente (ver 1 Jn. 3:19-21) y puede nublarse y oscurecerse, ya sea por carnalidad o por conciencia demasiado delicada; en este caso, se puede perder el gozo de la salvación (ver Sal. 51:12), pero no se puede perder la salvación (Ef. 2:8).

Estrechamente relacionado con la seguridad de salvación está el concepto de perseverancia final de los elegidos, la cual depende de la preservación divina mediante la continua operación del Espíritu Santo en el creyente ≪La perseverancia de los santos significa que todos cuantos han nacido de nuevo realmente, serán guardados por el poder de Dios y perseveraran como cristianos hasta el fin de su vida, y que solo los que perseveran hasta el fin han nacido de nuevo realmente≫.
≪El que es salvo ahora, siempre lo será; el que no es salvo ahora, nunca lo ha sido≫.

                               ¿Se pierde la Salvación por pecados o por dejar de creer? Página 2

Veamos una verdad… En (Mateo 10:22; 24:13) leemos en cualquier traducción de la Biblia que podamos tener, así: “Pero el que persevere hasta el fin, ese será salvo”
Este versículo es uno de lo más controversial con respecto a la perdida de la salvación, pero veamos que este versículo tiene dos sentidos en el original griego. Dice así: “El que tenga paciencia hasta el final, salvará su vida”. (Así dice literalmente en el original griego) cambia totalmente el significado, cuando lo leemos en el texto original.
Nota: Tenemos que saber también algo muy importante como veremos más adelante sobre la “Hermeutica”. Este versículo no debe leerse aisladamente sino dentro de su contexto; y el contexto está hablando sobre el tiempo futuro en la tribulación.

Nota: EL SENTIDO DE CUALQUIER PALABRA DEPENDE DE SU ASOCIACIÓN CON OTRAS PALABRAS.

 Además del sentido general de un vocablo, siempre debe considerarse el lugar preciso en que se halla, relacionándola con el contexto o medio circundante. La mayoría de las enseñanzas erróneas resultan de tomar frases o textos en forma aislada.
Por ejemplo, como dijimos Mateo 10:22 puede leerse "Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi Nombre; más el que persevere hasta el fin, éste será salvo". (En el escrito original puede verse, el literal significado de lo que la Palabra de Dios quiere dar a entender).
“Sin leer el contexto, podríamos llegar a la conclusión desacertada de que un creyente no tiene seguridad de salvación a menos que persevere hasta el fin, y que será salvo siempre y cuando cumpla con esa condición”.
Sin embargo, por el contexto podemos advertir que este pasaje “no se refiere a la presente época de gracia”, sino al futuro tiempo de tribulación que tendrá lugar en el mundo una vez que la iglesia haya sido arrebatada.
La interpretación sería que: La persona que soporta o aguanta hasta el final, cuando viene una persecución. Como lo vemos en la parábola de (Mateo 13:21) leemos “Pero no tiene raíz en sí, antes es de corta duración. Y cuando viene la aflicción o la persecución por la Palabra, en seguida tropieza”.
Esta persona demostrará que es un verdadero creyente, es decir salvo. Porque nadie que no es salvo, aguanta o se mantiene firme en un momento de persecución. Nótese que al leer el versículo como lo traduce la Biblia: “El que persevera será salvo” da a entender como si la (perseverancia fuese la causa de la salvación, que tenemos que estar perseverando todo el tiempo para no perder la salvación, esto sería un acto de nuestra parte que dependería 50% mérito de Dios y 50% mérito del hombre).
E iría en contra de (Efesios 2:8) “Porque por gracia habéis sido salvos por la fe. Y ESTO NO PROVIENE DE VOSOTROS sino, qué es el Don de Dios”

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Nota: UNA VERDAD BÍBLICA DEBE ARMONIZAR CON OTRA. “Cada escritura debe ser interpretada a la luz de otra”. La Biblia es una armoniosa verdad que fluye de la mente de Dios, y la enseñanza que emana de ella debe revestir ese mismo armonioso carácter. Si un pasaje enseña que la salvación se obtiene sólo por fe, no puede haber otro que sostenga que se obtiene sólo por obras. La Escritura no incurre en contradicciones. “Si acaso nos parece que existen, es porque no interpretamos y estudiamos adecuadamente los pasajes”.
Romanos 11:29. ≪Porque irrevocables son los dones y el llamamiento de
Dios≫. Para ≪irrevocables≫ el griego tiene ametaméleta (neutro pl.), que significa literalmente ≪cosas de las que no hay que sentir pesar≫, es decir, de las que Dios no puede arrepentirse.
Filipenses 1:6. En este lugar, Pablo expresa de nuevo su persuasión de que Dios ≪que comenzó en vosotros una obra buena la llevara a cabo hasta el día de Cristo Jesús≫ (lit.). El mismo Dios que comenzó su obra en la conversión del creyente, velara sobre ella hasta el fin.
Vida Eterna es la vida interior (gr. zoé) de nivel sobrenatural, producida por el Espíritu
Santo y que comienza en el momento de la conversión y perdura por toda la eternidad; por tanto, no se puede perder. Hay solamente un nacimiento, un sello. No puede haber varios nacimientos y varios sellos.
Hay finalmente, otros lugares en que se nos asegura que ya ≪no hay ninguna condenación para los que están en Cristo Jesús≫ (Ro. 8:1) y Dios no puede ≪condenar≫ de nuevo (ver Ro. 11:29); o que ≪hemos sido sellados con el Espíritu Santo», que es la garantía de nuestra herencia (Ef. 1:13-14); o que ≪somos guardados por el poder de Dios mediante la fe, para alcanzar la salvación (es decir, la etapa final de la salvación) que está preparada para ser manifestada en el tiempo postrero» (1 P.1:5). En este último lugar, hay dos detalles dignos de ser notados:
(a) El verbo para ≪somos guardados≫ es el gr. phrouréin, cuyo significado literal es el de ≪preservado de escapar≫, ≪protegido por todos los lados de ser atacado≫ y ≪custodiado con toda seguridad≫.
(b) El tiempo de dicho verbo es participio de presente de la voz pasiva, con lo que Pedro da a entender una ≪perfecta continuidad≫ de la acción preservadora del poder de Dios; en esta acción de Dios está el énfasis del verbo; pero esta operación divina lleva asociada la cooperación del
Propio creyente (≪mediante la fe»).
La salvación comprende tres etapas:
Justificación. Esta es la 1a etapa de la salvación (ver Ef. 2:8). El Espíritu Santo aplica la gracia de la fe al pecador convicto de pecado, lo sella para garantizar su salvación final
¿Se pierde la Salvación por pecados o por dejar de creer? Página 4
y le ilumina los ojos del entendimiento (o, del corazón –Ef. 1:13, 18). Nacido del Espíritu (Jn. 3:5-8), el creyente es adoptado por el mismo Espíritu (Ro. 8:15), ya que, en el bautismo, fue introducido en la familia de la Trina Deidad
(Ver Mt. 28:19).
Santificación. El proceso de la santificación progresiva se lleva a cabo mediante la conducción del Espíritu Santo (Ro. 8:9-14; 2 Ts. 2:13;
1 P. 1:2). La justificación tiene que ver con el estar en Cristo (Ro. 8:1;
2 Co. 5:17; Ga. 2:17; Fil. 3:9), pero la santificación tiene que ver con el andar en Cristo (Col. 2:6) por medio del Espíritu Santo (Ro. 8:4;
Ga. 5:25), siendo guiados por El (Ro. 8:14).
Glorificación. El toque final de la santificación es la glorificación, que Pablo llama ≪la redención de nuestro cuerpo≫ (Ro. 8:24). Como puede verse por Efesios 4:30, esto es obra del Espíritu Santo, ya que nuestra resurrección será llevada a cabo por el Padre mediante la obra del Espíritu (Ro. 8:11). Mediante El, es llevada también a cabo la mortificación o muerte paulatina de las ≪practicas del cuerpo≫
(Ro.8:13 –lit.).
También vemos que en el Antiguo Testamento el Espíritu se iba, se retiraba de la persona, no moraba en ella. (1 Samuel 16:14).

Juan 15:6. Este versículo –como todo el capítulo hasta el versículo 16– se refiere a la ≪comunión con Cristo≫, no a la ≪unión≫. Una vez más, hago notar que el versículo 2 debe verterse del modo siguiente: ≪Todo pámpano (que esta) en mí no llevando fruto…≫. Lo del ≪estar≫ es anterior a lo de ≪llevar fruto≫. Así que todo lo que sigue se refiere al ≪fruto≫, no a la justificación. Dice Ryrie (BT, pag. 333): ≪El creyente que no permanece, aunque todavía en Cristo y, así, salvo, pierde sus oportunidades y recompensas, tanto en la vida como en el tribunal de Cristo≫.

Este versículo habla de recompensas en el Tribunal de Cristo, como el versículo a continuación:
“Porque nadie puede poner otro fundamento que el que está puesto, el cual es Jesucristo. Y si sobre este fundamento alguno edificare oro, plata, piedras preciosas, madera, heno, hojarasca, la obra de cada uno se hará manifiesta; porque el día la declarará, pues por el fuego será revelada; y la obra de cada uno cuál sea, el fuego la probará. Si permaneciere la obra de alguno que sobreedificó, recibirá recompensa. Si la obra de alguno se quemare, él sufrirá pérdida, si bien él mismo será salvo, aunque así como por fuego” (1 Corintios 3:11-15)

1 Corintios 9:24-27. También este pasaje, como esta explicito, se refiere a recompensas, no trata de la justificación ni de la perdida de la salvación, como insinúa

                           

la frase de la Vulgata Latina (Biblia Catolica) al final del versículo 27: ≪ipse reprobus efficiar≫, que solía traducirse ≪yo mismo me vuelva reprobó≫, es decir, condenado.
Algunas de nuestras versiones, por desgracia, se acercan al sentido de la Vulgata. La RV 1960 ≪yo mismo venga a ser eliminado≫. La VM ≪yo mismo sea rechazado por indigno≫. La Biblia de las Américas vierte de modo conveniente ≪yo mismo sea descalificado≫. Pero no hay como el Nuevo Testamento Trilingüe para verter hermosamente los versículos 26-27: ≪Yo, pues, así corro, no como a la ventura; así lucho en el pugilato, no como quien da en el aire; sino que abofeteo mi cuerpo y lo reduzco a la esclavitud, no sea que, después de pregonar el premio para otros, quede yo descalificado≫.
Desde 1 Corintios 9:24; 27 Pablo está hablando de los Juegos Olímpicos Greco-Romano. Pablo no está diciendo perder la salvación, sino perder el “Galardón” de lo que había hecho. Esta palabra en el griego “eliminado” es “Adokimos” que es “rechazado, fracasado” alguien que no ha pasado la prueba. “Galardón” es igual que “Corona” que en el griego es “Stephanos” “Coronas de laureles, que se daban en los juegos greco-romanos”.
El Padre es el que sella, el Hijo es la imagen que lleva el sello (comp. Ro. 8:29), el Espíritu Santo es el sello mismo. De parte del Padre, es protección (ver Ap. 7:2 y ss.). De parte del Hijo, es posesión (ver Cnt. 8:6). De parte del Espíritu Santo, garantía de seguridad (ver Ef. 4:30b)… En el caso que nos ocupa, esa garantía es absoluta, debido a que no hay poder humano que pueda romper ese sello o quitarlo≫.
Vemos que en 1 Corintios 5: 1; 5 “Pablo menciona una situación de fornicación, entre los hermanos; podemos ver que esta persona era salva y sin embargo, Pablo no menciona que por su pecado haya perdido su salvación, sino que da una sentencia sobre esa persona para que sea entregada en manos de Satanás, para destrucción de su carne, a fin de que su Espíritu sea salvo en el día del Señor.
¿Qué clases de pecados pueden ser estos, que nos hacen perder la salvación? Por muy graves que sean, no es fácil que sean peores que la fornicación de la que nos habla Pablo en 1 Corintios 5.
En la Sangre de Cristo hay perdón. “Esta es la Grandeza de Dios”. Como podemos decir pierdo la Salvación, cual es el pecado que es más grande que la Gracia de Cristo, que nos hace perder esa salvación, que Jesús pago con su Sangre en la Cruz. Ahora si una persona dice: Ahora que soy salvo me voy a portar como me da la gana, entonces esa persona, nunca fue salva. Porque fuimos llamados a ser libres en Cristo, no para el libertinaje. Como nos cuesta comprender una Salvación tan Grande.
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También está el famoso pasaje de Apocalipsis 3:5 según el arminianismo que son los que influyeron en la doctrina de que la salvación se puede perder, ellos sostienen que con este versículo quedaría claro que la salvación se puede perder. Es decir, Cristo puede borrar el nombre de algún cristiano del libro de la vida, y esta persona puede ser entonces enviada al infierno. La persona que hoy estaría yendo al cielo, mañana podría estar yendo al infierno.
Pero veamos que dice el pasaje:
“El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles”
El problema de las denominaciones que enseñan la doctrina de que la salvación se puede perder, es que no saben de “hermenéutica”. Es decir, no saben los principios básicos de la interpretación bíblica. Entre los más importantes principios están: la “Biblia interpreta la Biblia, y todo versículo debe ser interpretado en el contexto en el que se encuentra”.
Nota: Los manuscritos más antiguos tuvieron difícilmente, si acaso, puntuación o marcas. Los manuscritos también carecían de espacios entre palabras, así que las palabras, oraciones y párrafos serían una cadena continua de letras (escritura continua), frecuentemente con saltos de línea en la mitad de las palabras. Se reducían los esfuerzos costosos, y era una manera de reducir el número de páginas que eran usadas para ahorrar espacio.
Los libros originales del Nuevo Testamento no tienen títulos, encabezamientos, o divisiones en los versículos y capítulos, Esos fueron desarrollados años después como "ayuda para los lectores".
“Los versículos no se pueden aislar”
Cuál es el error de dichas denominaciones en este pasaje? Violar los principios hermenéuticos.
Sabemos que esta doctrina es falsa. La enseñanza arminianista que un cristiano verdadero puede perder su salvación es anti-bíblica. Dios los escogió para ser salvos y por lo tanto no se pueden perder. Por qué? Porque la salvación le pertenece a Jehová. Entonces, veamos el contexto en el que se encuentra este versículo, “1 Escribe al ángel de la iglesia en Sardis: El que tiene los siete espíritus de Dios, y las siete estrellas, dice esto: Yo conozco tus obras, que tienes nombre de que vives, y estás muerto. 2 Sé vigilante, y afirma las otras cosas que están para morir; porque no he hallado tus obras perfectas delante de Dios. 3 Acuérdate, pues, de lo que has recibido y oído; y guárdalo, y arrepiéntete. Pues si no velas, vendré sobre ti como ladrón, y no sabrás a qué hora vendré sobre ti. 4 Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado
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sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas. 5 El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida, y confesaré su nombre delante de mi Padre, y delante de sus ángeles. 6 El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”
Veamos este versículo literalmente como se encuentra en el original: “No borraré jamás su nombre del libro de la vida, sino que reconoceré su nombre en presencia de mi Padre y de sus ángeles”
El original repite, en sus dos formas, el adverbio simple de negación: “ou me”. Esta repetición como sabemos (v. por ej. Jn.6:37), es enfática y equivale a “de ninguna manera”, “en absoluto”, “jamás”.
La promesa se halla primero en forma negativa (“no borraré…”) y después en forma positiva (“reconoceré…”).
El versículo 5 se encuentra dentro del mensaje que hace Cristo a la iglesia en Sardis. La acusación del Señor a esta iglesia es que tiene “nombre de que vives, y estás muerto” (v.1).
El pecado de esta iglesia es la hipocresía. Muchos en la iglesia decían ser creyentes y quizás hasta mantenían algún tipo de religiosidad, pero eran unos hipócritas. Cristo acusa a la iglesia de mantener en su medio a falsos creyentes. Había unos cristianos “carnales” que profesaban fe en Cristo, pero que no mostraban frutos del Espíritu.
Muchos mantenían una religiosidad externa, pero en su corazón estaban aún muertos en sus pecados. Eran, como dije en el párrafo anterior, falsos creyentes. Y este es el problema del hombre. Nunca podemos conocer el corazón de los demás, y por lo tanto si juzgamos por lo externo, podemos ser engañados. Pero en este mensaje vemos la soberanía y deidad de Cristo, quien conoce exactamente el corazón de estos falsos creyentes, a quienes acusa de estar muertos.
Pero, al igual que en nuestras iglesias, habían en la iglesia en Sardis, algunos hombres que sí eran verdaderos creyentes. En el versículo 4 Cristo dice, “Pero tienes unas pocas personas en Sardis que no han manchado sus vestiduras; y andarán conmigo en vestiduras blancas, porque son dignas.” Estas personas verdaderamente han entrado por la puerta estrecha, y han andado por el camino angosto (Mateo 7: 13-14). No han manchado sus vestiduras, por lo tanto son dignas de andar con Cristo.
Es aquí donde Cristo habla acerca del libro de la vida
En cuanto a la salvación, el problema arminianista es que desconoce que esta es una obra que ya ha sido consumada por la obra de Cristo. En este pasaje, se enfocan en lo que el versículo no dice e ignoran el contexto bíblico, histórico y cultural.
Tenemos que darnos cuenta que “En el versículo 5 tenemos una promesa, no una advertencia”.
Cristo está declarando enfáticamente la certeza de la promesa. Es decir, una declaración positiva se hace a partir de la negación de su opuesto.
Tenemos, entonces, que Cristo dice, “El que venciere será vestido de vestiduras blancas; y no borraré su nombre del libro de la vida.” Con esta declaración Cristo no solo establece la seguridad del creyente, pues el nombre de todos los creyentes se encuentra en el libro de la vida, pero es también una declaración de la promesa que le espera al que vence.
Analizando el contexto queda claro que Cristo NO está hablando de la posibilidad de que uno de esos verdaderos creyentes pudiera ser borrado del libro de la vida. Sino, por el contrario, Cristo les está diciendo que los nombres de esos verdaderos creyentes nunca serán borrados del libro de la vida. Esa es una promesa, no una amenaza.
Los arminianistas leen este versículo como una amenaza, pero si vemos el contexto esto es un error. Cristo promete algo a los pocos verdaderos creyentes de Sardis, y esta promesa es que sus nombres nunca serán borrados del libro de la vida. Por qué? Porque son verdaderos creyentes, es decir, son verdaderamente nuevas criaturas. Dios las ha hecho nacer de nuevo, a diferencia de los hipócritas en Sardis, esos falsos creyentes que mantenían un exterior de estar vivos espiritualmente, pero que en realidad estaban muertos.
Entonces, queda claro que la salvación no se puede perder, y que la doctrina arminianista es falsa y anti-bíblica.

¿Qué significa que un cristiano tenga al Espíritu Santo como el sello? ¿Qué es un sello?

Hoy en día, debido a que hay tantas personas en el mundo, ¿cómo sabe usted cuáles pertenecen a Dios y cuáles no? Dios ha puesto un sello en usted, el cual demuestra que usted le pertenece. Dios no lo selló a usted en su frente con un gran sello de madera. No es como el anticristo venidero, quien pondrá una marca en la frente de los hombres. Dios puso al Espíritu Santo en usted como un sello. Todos los que tienen al Espíritu Santo, pertenecen a Dios. Todos los que no tienen al Espíritu Santo, no pertenecen a Dios. En el momento en que un hombre es salvo, Dios hace la obra de sellarlo y pone el Espíritu Santo dentro de él para demostrar que éste pertenece a Dios.
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¿Cuánto tiempo estará el sello de Dios en nosotros?
La última parte de Efesios 4:30 dice: “En el cual fuisteis sellados para el día de la redención”. Aquí la expresión “el cual” se refiere al Espíritu Santo. La cláusula anterior dice: “Y no contristéis al Espíritu Santo de Dios”. Este sello durará hasta el día de la redención. ¿Cuánto tiempo dice la Biblia que tendremos el sello del Espíritu Santo? No solamente lo tendremos por tres o cinco años o por trescientos o quinientos años, sino hasta el día de la redención. ¿Cuál es el día de la redención? Romanos 8 dice que el día de la redención es el día cuando el Señor Jesús regresará. El día de la redención será el día en que nuestros cuerpos serán redimidos (v. 23). Por lo tanto, éste denota el día cuando el Señor Jesús regrese. El sello del Espíritu Santo permanece en nosotros hasta la segunda venida del Señor Jesús.
Si un hombre dice que puede perder su salvación y perecer, entonces yo le preguntaría, ¿qué hará con el sello del Espíritu Santo? Puesto que Dios ha dicho que hemos sido sellados por El, no hay nada que podamos hacer para quitar este sello. Dios ha dicho que este sello permanecerá hasta el día de Jesucristo y del arrebatamiento.
En Juan 14 el Señor Jesús dijo que el Espíritu Santo estaría con nosotros para siempre (v. 16). Una vez que el Espíritu Santo del Nuevo Testamento entre en nosotros, nunca nos dejará. Nunca crean en el diagrama que algunos cristianos enseñan, el cual muestra a un hombre que tiene un corazón lleno de serpientes, cerdos, perros y muchos otros animales. Al lado del corazón está una paloma que representa al Espíritu Santo. Cuando el corazón del hombre está limpio, el Espíritu Santo supuestamente entrará en él y permanecerá allí, y todos los otros animales se irán. Pero si su corazón no está limpio, la paloma volará y todas las otras cosas entrarán. ¡Esto es absolutamente incorrecto! El Espíritu Santo nunca puede volar de nosotros.
La Biblia dice que no debemos contristar al Espíritu Santo (Ef. 4:30). La tristeza es la expresión del amor; el enojo es la expresión del odio. Dondequiera que hay odio, hay enojo. Dondequiera que hay amor, hay tristeza. Recordemos que tanto el enojo como la tristeza provienen de los errores. Ambos casos son causados por los errores. Si hay amor, los errores producirán tristeza. Si hay odio, los errores resultarán en enojo. Si usted ama a una persona, se entristecerá por sus errores. Si usted odia a una persona, se enojará de sus errores. Ambos son causados por la misma cosa: los errores. Sin embargo, los resultados son diferentes. Aquí, no hay enojo, sino tristeza. La Palabra no dice que no debemos enojar al Espíritu Santo, sino que no debemos contristar al Espíritu Santo. Él no está sobre nosotros, sino dentro de nosotros. Cuando ve nuestras fallas, se contrista dentro de nosotros pero no se va. La razón por la cual Él no se va se debe a que Él es un sello. Como sello, El estará en nosotros hasta el día de la redención. Si leemos la Palabra de Dios, no podremos negar este hecho.
Si perecemos, ¿quién sufre verdaderamente? Si pierdo un himnario, por supuesto, el himnario sufre. Pero, el primero que sufre soy yo. He gastado el esfuerzo por obtener el himnario. He pagado el precio por obtenerlo. Por lo tanto, soy yo el que más sufre. ¿Cómo nos ganó Dios? Estábamos muertos en pecados y estábamos caídos. Fue Dios quien hizo que Su Hijo muriera por nosotros y derramara Su sangre para redimirnos con un gran precio. No pensemos que si perdemos nuestra salvación, solamente somos nosotros quienes perdemos y quienes sufrimos. Recordemos que hemos sido comprados por Dios. Si perdemos nuestra salvación, Dios también perderá algo. Hemos sido comprados por Su sangre. ¿Por qué Dios nos preserva? Nos preserva por Su propia causa. Si nos perdemos, quien sufre no es nosotros, sino Dios.
El problema más grande hoy en día es que no creemos cuán importantes somos en las manos de Dios. Al hombre le es difícil creer que Dios lo ame, que Dios lo quiere. Siempre piensa que Dios no lo necesita. Dios ha entregado a Su Hijo por nuestra causa y le ha enviado al mundo para que pasara por todos los sufrimientos por nuestra causa.
Él fue crucificado en la cruz con el propósito de ganarnos. Si a Él no le importa, ¿a quién le importaría? Si no salvaguardo mi himnario, ¿podría cuidarse a sí mismo? Efesios 1:13 dice que el Espíritu Santo está en nosotros como un sello. Después el versículo 14 nos dice que el Espíritu Santo viene para ser el sello porque somos la posesión adquirida de Dios.
Por lo tanto, podemos decirle a todo el mundo que somos la posesión de Dios. No es cuestión de que nos perdamos o no, sino de que Dios nos pierda o no. No somos nosotros quienes nos guardamos. No tenemos que agotar nuestra mente pensando en este asunto. Toda la obra es de Él. Si no fuera así, ¿por qué Él envió a su Hijo unigénito a la cruz? Si Él ha hecho un gran esfuerzo y pagado un gran precio para enviar a Su Hijo a la cruz, Él debe hacer un gran esfuerzo y pagar un precio aún más grande para guardarnos de perdernos.
¿Acaso puede la gracia que Dios da al hombre ser preservada por el hombre? Si fuera preservada por el hombre, ya la hubiéramos perdido hace mucho. No te parece? Amiga, Cristina. Cada segundo, cada minuto la estaríamos perdiendo.
Los seres humanos somos todavía seres humanos. Aun hoy día muchos obreros cristianos no ven este asunto. Debido a que el corazón del hombre está lleno de la carne y de la ley, él no puede entender cómo la gracia de Dios puede ser tan grande. Esto es demasiado increíble para él. Es natural que el hombre piense de esta manera.

El hombre es de la carne, y la carne es de la ley. La carne conoce solamente la ley; no conoce la gracia. Todo lo que se origina de la carne humana es de la ley. Sin embargo, todo lo que se origina de Dios, del Espíritu Santo y de la gracia, es de la fe.
En el mundo no sabemos nada con respecto a la gracia y el don. Todo lo que sabemos es comerciar. Durante todo el día, nuestras mentes están llenas de cuánto tenemos que trabajar y cuánto debemos obtener por nuestro trabajo.
Pensamos que a fin de ganar algo, tenemos que trabajar por ello. Esta es nuestra vida. Por años, hemos comercializado con nuestras vidas, nuestro tiempo y nuestra energía.
Piensan que si ellos no hacen el bien, Dios les quitará la gracia que les ha dado.
Como maestros de la Biblia, podemos solamente ser responsables por decirle a otros lo que la Biblia dice. No podemos ser responsables por decirle a otros lo que la Biblia debería decir. No tenemos esta autoridad. Sabemos que la Palabra de Dios dice que una vez que somos un hijo, somos un hijo eternamente. No sabemos a qué resultado nos guiará este conocimiento. El problema de hoy es que el hombre no juzga la Palabra de Dios con la Palabra de Dios. Al hombre le gusta tomar a alguien de la esquina y decir que por la clase de persona que es el hombre, ¿cómo puede alguien decir que el hombre que es “una vez salvo, es eternamente salvo”? Es verdad que algunos creyentes han fracasado y son débiles. También es verdad que algunas personas son falsas. Es verdad que hay millones de creyentes que tienen diferentes experiencias. Solamente los podemos juzgar mediante la verdad de la Biblia. No podemos juzgar la verdad de la Biblia por lo que otros han hecho. Solamente podemos probar que están equivocados mediante la verdad de la Biblia. No podemos condenar la verdad de la Biblia como equivocada por lo que ellos han hecho.
Alguien dirá: ¿No será una persona suelta y cómo es salvo hará lo que le da la gana?
La salvación no solamente ha resuelto el problema del pecado delante de Dios, también ha resuelto muchos otros problemas dentro de nosotros. Dentro de nosotros, ahora tenemos una vida nueva, una naturaleza nueva, el Señor, y el Espíritu Santo. Debido a que éste es el caso, ¿podemos ser irresponsables? No estoy diciendo que un cristiano nunca peca. Sin embargo estoy diciendo que si un cristiano peca, eso es un sufrimiento para él. No es un gozo. Si un hombre piensa que él ha recibido el permiso y el certificado para pecar porque sabe que es eternamente salvo, y si tal persona no siente nada cuando peca, “no tiene el sentir de sufrimiento, dudo que tal persona sea un verdadero hijo de Dios”.
Tercero, una persona como la que se mencionó anteriormente no conoce el resultado de la salvación de Dios. Para los que hemos sido salvos por Dios, indudablemente hay una consecuencia, un resultado. ¿Cuál es este resultado? Después de que un hombre es salvo, ¿puede quebrantar la ley simplemente porque ahora él está justificado en Cristo? ¿Puede
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libremente transgredir los Diez Mandamientos desde al principio hasta el fin? ¿Puede él hacer todo lo que quiera?
Por favor lea las palabras de Pablo en Filipenses 3:6 al 9: “En cuanto a celo, perseguidor de la iglesia; en cuanto a la justicia que es en la ley, llegue a ser irreprensible. Pero cuantas cosas eran para mí ganancia, las he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y ciertamente, aun estimo todas las cosas como pérdida por la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús, mi Señor, por amor del cual lo he perdido todo, y lo tengo por basura, para ganar a Cristo, y ser hallado en El, no teniendo mi propia justicia, que es por la ley, sino la que es por medio de la fe en Cristo, la justicia procedente de Dios basada en la fe”. Pablo tenía justicia por medio de la fe en Cristo.
Entonces, ¿era él libre para hacer todo y para ser irresponsable y suelto simplemente por esto?
Él dijo que todas las cosas que eran para él ganancia, las había contado como pérdida por causa de la excelencia del conocimiento de Cristo Jesús. Por causa de Cristo, sufrió la pérdida de todas las cosas y las contó como basura. Por lo tanto, con cada cristiano regenerado, maduro o inmaduro, existe el deseo de ser santo, de amar a Dios, y un corazón para agradar a Cristo. No sé por qué es así. Solamente sé que éste es el resultado de la salvación.
También existen muchos pasajes de la Biblia hablan de la disciplina de los cristianos en esta era y no de perdición eterna y esto también causa confusión, porque no distinguen un punto de otro punto. No piense que debido a que somos eternamente salvos, no hay tal cosa como la disciplina. En verdad hay disciplina. Si hoy día, usted cae y llega a estar débil, Dios lo disciplinará.
Existe una diferencia entre la disciplina y la perdición eterna. No podemos mezclar la perdición eterna con la disciplina. Muchos versículos, que parecen decir que los cristianos se pueden perder de nuevo, realmente hablan de la disciplina de los cristianos.
Además de estas cosas, hay otro asunto que el protestantismo ha sepultado en la tumba por mucho tiempo. Aunque algunos puedan sentir que esto es algo nuevo, realmente está registrado en la Biblia desde hace mucho tiempo. En la Biblia hay por lo menos tres cosas que debemos distinguir una de la otra.
Solamente hemos mencionado dos de ellas, las cuales son la disciplina que un cristiano recibe en esta era, y la pérdida de la recompensa en el reino. Si caemos, no solamente seremos disciplinados hoy día, sino que también perderemos la recompensa en el Tribunal de Cristo.
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Necesidad de la obra del Espíritu Santo para la salvación:
Si erramos aquí, es un error para toda la eternidad. La necesidad que tenemos de la obra del Espíritu Santo en nosotros surge del hecho de nuestra total corrupción natural. Por muy astutos, listos y sabios que seamos respecto a las cosas de este mundo, estamos muertos para Dios.
Estamos cegados por las tinieblas y endurecidos por el pecado. La mente carnal es hostil a Dios (Ro. 8:87; 1 Co. 2:14).
Por eso, es menester que el Espíritu Santo nos convenza de pecado. Puesto que él es quien usa la agencia de la palabra (ver Jn. 3:5), a él se atribuye en especial el poder de quemar y quebrantar, así como de llegar a los íntimos rincones del ser humano, poder que la Biblia atribuye a la Palabra de Dios (véase Jer. 23:29; He. 4:12). Él es también quien ilumina los ojos de nuestro entendimiento (o, de nuestro corazón –Efesios 1:17-18).
Sin la obra del Espíritu Santo, no hay fe, ni temor de Dios, ni amor a Dios y al prójimo ni santidad. Dejados a nuestras propias fuerzas, jamás seríamos capaces de ninguna cosa conducente a la salvación.
Sin la obra del Espíritu Santo, nadie se vuelve a Dios, nadie se arrepiente, cree ni obedece. Ni la ciencia, ni la educación ni el arte pueden llevar al cielo una sola alma, ni vendar un corazón quebrantado ni sanar una sola conciencia herida. Podríamos pasar revista a los mayores filósofos, científicos, artistas y literatos de todas las épocas. Sus respuestas respecto a la condición de la humanidad caída son decepcionantes; sencillamente, no tienen respuesta válida para ninguno de los grandes problemas del hombre.

- En este punto trataremos lo que dijimos al comienzo del estudio. “Perder la salvación, por pecar o por dejar de creer”

1. “La pérdida de la Salvación por pecar”.
Como ya hemos dicho, muchos creen que la salvación se pierde por pecar, pero el problema es como dicen que el pecado causa la pérdida de la salvación, tienen la dificultad de que no se ponen de acuerdo al determinar cuál es el momento preciso en que se pierde la salvación. Sí, se pierde por “pecar”, eso está claro para ellos; pero “¿cómo y cuándo?” Se pierde no es claro para ninguno. Siendo que esto es un asunto tan importante, sería bueno para cada creyente, especialmente los que creen que pueden perder su salvación, el escudriñar el cómo y el cuándo (en qué momento) se pierde esta salvación. Pero veo que pocos están dispuestos a eso. Por tal razón quiero traerles un poco de ayuda y evaluar esta teoría a la luz de la Palabra.
Pongamos un ejemplo, digamos que alguien mira a una mujer u hombre que no es suya(o) con deseos sexuales. Ya esa persona pecó. Delante de Dios es tan pecadora como si se hubiera acostado con el ó ella (Mateo 5:28). Sí eso es así, entonces es posible que esa mirada de lascivia, le haya hecho perder la salvación. PERO no puede ser, dicen muchos, que no es solo eso. Hace falta más pecado. OK. ¿Cuánto más? Quizás la persona debe llevar el pensamiento más allá. Supongamos que entonces esa persona se encuentra sola o solo en la noche en su casa y comienza a tener fantasías sexuales con aquella persona la cual deseo impropiamente. ¿Pierde aquí la salvación o hace falta más? La mayoría de los que dirán que no se pierde la salvación así, hace falta algo más grave, no puede ser tan fácil. Bien, entonces supongamos que la persona busca la forma de llegar a acostarse con aquella persona que no es su esposo o esposa. El acto ha sido consumado. Pecó la persona cometiendo adulterio. ¿Se perdió allí la salvación? Es posible dicen muchos, PERO no, no por un solo acto. Debe de haber más de un acto de adulterio. Sí, uno más para que pueda perder la salvación. Ese próximo acto ocurre, ¿perdió la salvación la persona? Con haber cometido adulterio ‘dos veces’, ¿cómo es eso? ¡Dos faltas graves y ya estás descalificado(a)! O quizás tres o cuatro o cinco o diez o veinte o treinta veces o cien veces que se cometa pecado de adulterio contra Dios. Debe haber una práctica de pecado. Sí pero ¿cuándo se convierte en práctica, a la Segunda ocasión, a la tercera o después de quince veces?
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¿Hasta dónde llega la gracia de Dios? Por supuesto, protestaran muchos, Dios no va a seguir mostrando misericordia y perdonando las pequeñas faltas o los pecados graves e inmorales de aquellos que pecan y pecan una y otra vez contra su ley. Imposible que alguien pueda “hacer afrenta al Espíritu de Gracia” (Hebreos 10:29) Bueno, eso es cierto con respecto a la “misericordia común”. Pero miremos esto, en cierta ocasión Pedro le preguntó a Jesús ¿Cuantas veces he de perdonar a mi hermano que peque contra mí?
Mateo 18
20 Porque donde están dos o tres congregados en mi nombre, allí estoy yo en medio de ellos. 21 Entonces se le acercó Pedro y le dijo: Señor, ¿cuántas veces perdonaré a mi hermano que peque contra mí? ¿Hasta siete? 22 Jesús le dijo: No te digo hasta siete, sino aun hasta setenta veces siete.
La idea central en la contestación de Jesús no quiere decir que hemos de perdonar hasta 490 veces y que la ofensa número 491 no ha de ser perdonada. No, no es eso, Él nos deja claro que hemos de perdonar siempre. Esto es así porque eso es lo mismo que Dios hizo con nuestros pecados, los perdonó todos. Los de ayer, los de hoy, y los de mañana. Esta es la Grandeza de Dios.
Hebreos 8
12 Porque seré propicio a sus injusticias, Y nunca más me acordaré de sus pecados y de sus iniquidades. 13 Al decir: Nuevo pacto, ha dado por viejo al primero; y lo que se da por viejo y se envejece, está próximo a desaparecer.
Hebreos 10
28 El que viola la ley de Moisés, por el testimonio de dos o de tres testigos muere irremisiblemente. 29 ¿Cuánto mayor castigo pensáis que merecerá el que pisoteare al Hijo de Dios, y tuviere por inmunda la sangre del pacto en la cual fue santificado, e hiciere afrenta al Espíritu de gracia? 30 Pues conocemos al que dijo: Mía es la venganza, yo daré el pago, dice el Señor. Y otra vez: El Señor juzgará a su pueblo.

Hebreos 12
15 Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados; 16 no sea que haya algún fornicario, o profano, como Esaú, que por una sola comida vendió su primogenitura. 17 Porque ya sabéis que aun después, deseando heredar la bendición, fue desechado, y no hubo oportunidad para el arrepentimiento, aunque la procuró con lágrimas
No hace falta tener mucha escuela para notar el problema aquí. ¿En qué quedamos entonces, perdona Dios el pecado (misericordia) y nunca se acuerda más de ellos (fidelidad), o se venga de los pecados y da el pago (justicia)? Usted me dirá, ves, es posible perder la salvación una vez se es santificado! ¿Es cierto eso de perder la salvación lo que se trata aquí? No sería mejor entender que Dios se está refiriendo a dos tipos de personas, “una perdonada” y la “desechada”. Una cuyos pecados “nunca más recordados” y otra cuyos pecados son ‘todos’ vengados sin oportunidad para arrepentimiento.. Una que tiene como característica el que recibe el Espíritu de Gracia y la ley de Dios ha sido escrita en su corazón y otra con la característica de que hace afrenta al Espíritu de Gracia y se rebela contra la ley de Dios en fornicación espiritual como Esaú.
Sí, pero dice que fue “santificado por la sangre del pacto”. Eso es cierto, todos los que están o forman parte de la iglesia forman parte del grupo de los santificados (apartados para Dios) PERO eso no significan que todos son salvos (1 Corintios 7:14). Significa que han sido ‘separados’ para con el resto del pueblo para el servicio de Dios, pero no significa que han sido regenerados, justificados y salvados. ¿No fueron también parte el Olivo los Israelitas que fueron desgajados (Romanos 11)? Sin embargo, aunque pertenecían al Olivo y tomaban de esa savia y gozaban de los beneficios del Pacto y eran considerados pueblo de Dios, fueron quitados del Olivo “a causa de su incredulidad” (Romanos 11:20). Se da cuenta, estaban en el pueblo, eran parte del pueblo, ¡PERO no eran pueblo! ¡No Creían, no tenían fe! (Habacuc 2:4). Lo mismo pasa ahora en el tiempo de la Gracia, muchos están en el pueblo, forman parte del pueblo, gozan de los beneficios del pueblo, PERO ¡no son pueblo!
Romanos 3
3 ¿Pues qué, si algunos de ellos han sido incrédulos? ¿Su incredulidad habrá hecho nula la fidelidad de Dios? 4 De ninguna manera; antes bien sea Dios veraz, y todo hombre mentiroso…
La incredulidad de algunos dentro del pueblo visible no hace nula la fidelidad de Dios. ¿Por qué? “Porque no todos los que descienden de Israel son israelitas…” (Romanos 9:6), “Pues no es judío el que lo es exteriormente, ni es la circuncisión la que se hace exteriormente en la carne; sino que es judío el que lo es en lo interior, y la circuncisión es la del corazón, en espíritu, no en letra; la alabanza del cual no viene de los hombres, sino de Dios.” (Romanos 2:28-29). Eso mismo pasa en la Iglesia, solamente los Hijos de la promesa son contados como herederos.
En el Antiguo Pacto, Dios estableció la manera en que se había de tratar con el pecado. A la ‘primera’ instancia de pecado la persona sería muerta a pedradas. ¿Por qué? Porque Dios es Santo y su carácter no tolera el pecado. La ley vino para demostrar a los hombres la severidad de Dios y hacer ver a los hombres la perfección y la altura de sus demandas. Ninguno de los hombres pudo ni puede cumplir con la Ley como se demanda. Todos han roto la ley de Dios (Romanos 3:23).
Lo cierto es que hace falta “un solo pecado” para perder la salvación. Cuando una persona afirma que es posible perder la salvación por pecar (poco o mucho), esa persona simplemente da a entender que no ha entendido el Evangelio ni la Gracia pero lo que es más triste es que también deja ver que no entiende la ley de Dios y la Justicia divina. En el ejemplo que pusimos arriba, con el solo hecho de mirar al hombre o la mujer que no le pertenece de manera sexualmente impropia, es todo lo que hace falta para recibir el castigo eterno del infierno. ¡Eso es Ley!

Cuando la persona peca físicamente con una persona que no es su esposo o esposa, esa primera y única ocasión es suficiente para condenarle eternamente. Es más, Cristo mismo lo dijo que el simplemente llamar a otra persona 'necia' o 'fatua' lo que es muy común en nuestro tiempo donde los hombres se llaman 'estúpidos' unos a otros, es suficiente pecado para irse al infierno.
Mateo 5
21 Oísteis que fue dicho a los antiguos: No matarás; y cualquiera que matare será culpable de juicio. 22 Pero yo os digo que cualquiera que se enoje contra su hermano, será culpable de juicio; y cualquiera que diga: Necio, a su hermano, será culpable ante el concilio; y cualquiera que le diga: Fatuo, quedará expuesto al infierno de fuego.
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¡Vean, eso es LEY! Por eso es que Dios ha desplegado ‘su Gracia’, aparte de la ley, para conceder a los hombres perdón aun cuando no lo merecen. Y cuando aumenta el pecado La gracia sobreabunda…
Romanos 5
19 Porque así como por la desobediencia de un hombre los muchos fueron constituidos pecadores, así también por la obediencia de uno, los muchos serán constituidos justos. 20 Pero la ley se introdujo para que el pecado abundase; más cuando el pecado abundó, sobreabundó la gracia; 21 para que así como el pecado reinó para muerte, así también la gracia reine por la justicia para vida eterna mediante Jesucristo, Señor nuestro.
Entonces por eso es que si decimos que la salvación se pierde por los pecados, también estamos diciendo que la gracia de Dios no es suficiente para cubrir los pecados del hombre. Estamos cambiando lo que declara la Biblia en Romanos 5:20. Estamos contra-diciendo que "cuando abunda el pecado la gracia disminuye" o "mientras más pecado menos gracia" y así poco a poco hasta el momento que se acaba la gracia salvadora ¿Se da usted cuenta? Esto también sugiere que a unos le quedaría más gracia que a otros, unos tiene más y otros menos.
Otro aspecto "MUY" importante
Supongamos otra vez que sea cierto que “la salvación se pierde por pecar”. Eso significa como conclusión lógica ineludible que la salvación se mantiene “por no pecar” y eso no es otra cosa que decir que “la salvación está condicionada por las obras”. Eso es así no importa las vueltas que se le dé para evitarlo. Las buenas obras nos mantienen salvos y las malas obras nos hacen perder la salvación. Eso, es Ley (legalismo) y no Gracia, lo más triste de todo esto es que por la Ley nadie jamás ha sido ni habrá de ser salvo.
Gálatas 2
10 Porque todos los que dependen de las obras de la ley están bajo maldición, pues escrito está: Maldito todo aquel que no permaneciere en todas las cosas escritas en el libro de la ley, para hacerlas
16 sabiendo que el hombre no es justificado por las obras de la ley, sino por la fe de Jesucristo, nosotros también hemos creído en Jesucristo, para ser justificados por la fe de Cristo y no por las obras de la ley, por cuanto por las obras de la ley nadie será justificado.

Si yo me mantengo salvo por lo que “no hago malo”, (o porque no hago lo malo) entonces nadie tiene salvación porque ‘todos pecamos’, aun sin darnos cuenta. Recordemos que hace falta un solo pecado para perdernos (Santiago 2:10), y el que diga que no tiene pecados es mentiroso (1 Juan 1:8). Y es de entenderse que el pecado más prevaleciente en "todos" los hombres no es el físico (visible) sino el ‘interno’ (invisible). El pecado ‘mental’ nadie lo conoce, nadie lo ve, nadie lo discierne.
El deseo inmoral, el odio, la codicia, la hipocresía, la avaricia, los malos pensamientos contra nuestros enemigos o no enemigos, el pensar que alguien es un ‘estúpido’, en fin todo lo que se piensa contrario a la Ley de Dios, es pecado. No se necesita que una persona matar a otra para que digamos que tiene odio, el odio existe en el corazón de muchos que no han matado ni siquiera una cucaracha, sin embargo, ese odio en el corazón es suficiente para descalificarle ante Dios (Romanos 6:23).
Al decir que la salvación se pierde a causa de las malas obras (pecados) se ha pervertido y eliminado la gracia como sistema de salvación. A eso Dios dice:
Romanos 11
6 Y si por gracia, ya no es por obras; de otra manera la gracia ya no es gracia. Y si por obras, ya no es gracia; de otra manera la obra ya no es obra.
Efesios 2
8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios; 9 no por obras, para que nadie se gloríe.
¿Cómo es posible que usted reciba la salvación por fe y la pierda por obras o la reciba por fe y la mantenga por obras? Es algo sin sentido total, la salvación es "solamente por gracia" no por obras para que nadie tenga de que gloriarse. El añadir obras a la salvación es cambiar el evangelio, eso es "otro evangelio". Pablo combatió un problema similar en la Iglesia de los Gálatas donde algunos enseñaban precisamente lo mismo: Te salvas por fe en Cristo pero mantienes la salvación de acuerdo a las obras de la ley. "No hay nada nuevo debajo del sol". El diablo siempre va en contra de lo que Dios declara. Cuando Dios dijo a Adán que debía "obrar bien" para no morir Satanás le dijo que no debía obedecer porque no iba a morir sino a vivir. Ahora Dios nos dice que "somos salvos por Gracia y no vamos a morir jamás" pero el diablo nos dice que "si es solo por Gracia vamos a morir". Tienes que obrar para que no mueras, tienes que hacer algo para salvarte sino vas a morir eternamente.
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Salmos 103
13 Como el padre se compadece de los hijos, Se compadece Jehová de los que le temen. 14 Porque él conoce nuestra condición; Se acuerda de que somos polvo.
Cristo fue a la cruz a morir por 'todos' nuestros pecados, nosotros recibimos esa salvación por medio de la fe y así fuimos declarados ‘Justos’ ante el Padre. (Romanos 5:1) La justicia de Cristo nos ha sido imputada y somos declarados inocentes ante Dios. PERO…. todavía pecamos. Nuestro pecado afecta la 'comunión con Dios' pero no afecta la 'unión con Dios', por eso existe la obra intercesora de Cristo quien permanece continuamente ante la presencia de Dios como ofrenda por nuestros pecados. Como dice el himno “Cuando Dios la sangre ve…”. Cuando el Padre ve la sangre ‘eterna’ del Hijo que nos limpia de todo pecado, eso es suficiente para mantenernos perdonados y justificados aun cuando en la vida cometamos pecados grandes o chicos. Y si la salvación descansa sobre la fe en la obra completa de Cristo y no en las obras buenas de los hombres,

                                    Entonces, ¿Cómo se Pierde la Salvación?

El plan de Dios es que seamos salvos y Cristo no simplemente murió en la cruz y se fue al cielo sino que está actuando continuamente en nosotros para que seamos el pueblo que Él quiere. Cuando pecamos, Dios trata con nosotros para corregirnos. Algunas formas en que Dios trata con el pecado son la transformación del corazón por medio de la regeneración, también por medio de la corrección y la amenaza, la exhortación, y el juicio. Veamos a continuación:
Transformación
La manera más preciosa y principal en la que Dios trata con el pecado es por medio de movernos a amar su ley. Cuando las personas aman a Dios, estos se apartan del pecado y se someten a su ley voluntariamente para agradarle. Esto es en cumplimiento a las cosas que Dios dijo que haría en el Nuevo Pacto “pondré mi ley en su mente y las escribiré en las tablas de su corazón”. Así que el caso de adulterio que presentamos arriba como ejemplo, NO ES el típico caso de un cristiano verdadero.
Jeremías 32
39 Y les daré un corazón, y un camino, para que me teman perpetuamente, para que tengan bien ellos, y sus hijos después de ellos. 40 Y haré con ellos pacto eterno, que no
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me volveré atrás de hacerles bien, y pondré mi temor en el corazón de ellos, para que no se aparten de mí.
Los cristianos han sido transformados y regenerados por el poder del Espíritu Santo de Dios quien además habita dentro de ellos. “Si alguno está en Cristo, nueva criatura es” (Romanos 5:17). El amor de Dios ha sido derramado abundantemente sobre el corazón de los Creyentes para que estos amen no solo a Dios sino también a su prójimo. El propósito de tal transformación en el corazón del hombre es tal que Dios mismo asegura que le seguiremos y le temeremos 'eternamente' como Dios mismo lo dice "para que no se aparten de mí". Ese fue el propósito de la transformación interior, el Nuevo Nacimiento y el Nuevo Pacto establecido por Cristo quien dijo muy claramente que sus ovejas oyen su voz y le siguen. Este verso tiene que ver con ser fieles a Dios y reconocer siempre Su señorío sobre todas las cosas como único Dios verdadero, no se refiere a si ayer no oraste, ni si hoy se te fue una mentira o si mañana no ayunas. Con este verso se 'remedia' el peor problema que tenía el pueblo de Dios, el de apartarse continuamente detrás de "otros dioses" (Josué 24:16; Jueces 2:12). Decir que aun así los cristianos se pueden apartar del temor de Dios perderse eternamente, es decir que ésta grande y poderosa obra que Dios hizo no es lo suficientemente eficaz, como Él dijo que sería.

“No entra personalmente en mi cabeza, el pensar que la salvación que Dios nos ha regalado, el precio tan Grande que Él ha pagado; pueda ser preservada, guardada o cuidada por nosotros mismos”.

 Pablo en Romanos 7 dijo: “Porque lo que hago, no lo entiendo; pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, eso hago” Pablo sería el primero en perder su salvación, porque Él siendo el Apóstol que Dios uso para escribir la mayor parte del Nuevo Testamento, teniendo el nivel espiritual que tenía. Él decía “no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco” En otras palabras Pablo se daba cuenta que había algo dentro de él que no le permitía hacer lo que él quería hacer, que era la Voluntad de Dios. Pablo tenía la lucha que todos lo que queremos seguir a Dios tenemos, la “carne” sería imposible que Dios en su infinita sabiduría y conociendo la naturaleza caída del ser humano, deje en las manos del hombre algo tan Grande y decisivo como la Salvación”

El amor hacia Dios y el crecimiento o madurez no es algo que ocurre todo al instante. Aunque el hombre ha sido transformado interiormente, sus viejas costumbres y el pecado que mora en su carne y alma, querrán destruirle y hacerle volver a la vida pasada. Por eso somos llamados a “despojarnos del viejo hombre” y “crecer en el conocimiento de Dios”
Proverbios 2
4 Si como a la plata la buscares, Y la escudriñares como a tesoros, 5 Entonces entenderás el temor de Jehová, Y hallarás el conocimiento de Dios. 6 Porque Jehová da la sabiduría, Y de su boca viene el conocimiento y la inteligencia.
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Colosenses 1
9 Por lo cual también nosotros, desde el día que lo oímos, no cesamos de orar por vosotros, y de pedir que seáis llenos del conocimiento de su voluntad en toda sabiduría e inteligencia espiritual, 10 para que andéis como es digno del Señor, agradándole en todo, llevando fruto en toda buena obra, y creciendo en el conocimiento de Dios;
El proceso de Santificación es obrado por medio de la misma persona quien es motivada por las palabras de Dios en la Biblia y la convicción interna del Espíritu Santo. La Carne y el Espíritu se oponen entre sí (Romanos 7; Gálatas 5). Para muchos esta lucha es más difícil que para otros, no obstante, la victoria del cristiano es segura, Pablo dice "estoy convencido de esto, que el que comenzó en vosotros la buena obra la perfeccionará hasta el día de Cristo" (Filipenses 1:6). El verdadero hijo de Dios en sus altas y en sus bajas siempre saldrá adelante. Si en un momento de debilidad, el cristiano cede a la carne entonces, la vara de su Padre Dios, le corrige para hacerle caminar por donde él quiere. Dios siempre buscará los medios de llevar a sus hijos a puerto seguro (Hebreos 6:9).
Corrección
La corrección incluye disciplina, amenaza, exhortación y juicio. Veamos primeramente la disciplina. El hecho de que la persona peque es algo que aunque “perdonado”, debe ser tratado por Dios. La Biblia nos dice que Dios ‘disciplina el pecado’ y corrige sus hijos. Por eso es que como hijos somos disciplinados por Dios. Tal como un Padre corrige el pecado de su hijo sin quitarle su posición de hijo, así también Dios trata con los pecados de su pueblo. Les corrige, sin quitarles la posición de hijo.
Hebreos 12
6 Porque el Señor al que ama, disciplina, azota a todo el que recibe por hijo. 7 Si soportáis la disciplina, Dios os trata como a hijos; porque ¿qué hijo es aquel a quien el padre no disciplina? 8 Pero si se os deja sin disciplina, de la cual todos han sido participantes, entonces sois bastardos, y no hijos.
La salvación nos ha sido dada por Dios NO para ver si la mantenemos y nos ‘ganamos’ el cielo. Dios nos ha salvado para siempre y esa salvación depende sola y únicamente de la obra de Cristo quien murió por los pecadores, es la justicia de los pecadores, intercede por los pecadores y disciplina los pecadores. La corrección tiene el propósito de guiarnos al crecimiento espiritual saludable, de la misma manera que un padre corrige a un hijo, no para hacerle ni para mantenerle hijo, sino para hacerle un hijo decente y buen ciudadano.
Amenaza
La corrección incluye fuertes amenazas que llevan todo el peso y la intención de ser llevadas a cabo si el ‘creyente’ no escucha. Encontramos en la Biblia una cantidad de amenazas menos fuertes y más fuertes, tales como “Ninguno que poniendo su mano en el arado mira hacia atrás, es apto para el reino de Dios” (Lucas 9:62) y otra como “el que en mí no lleva fruto, será cortado y echado al fuego” (Juan 15). Otra como las parábolas de los siervos malos (Mateo 24-25), los cuales serían echados junto con los hipócritas y sufrirían “el fuego el crujir de dientes”.
1 Corintios 5
1 De cierto se oye que hay entre vosotros fornicación, y tal fornicación cual ni aun se nombra entre los gentiles; tanto que alguno tiene la mujer de su padre.
2 Y vosotros estáis envanecidos, y no tuvisteis duelo, para que fuese quitado de en medio de vosotros el que hizo tal obra.
3 Yo ciertamente, como ausente con el cuerpo, más presente en espíritu, ya como presente he juzgado al que esto así ha cometido.
4 En el Nombre del Señor nuestro Jesús, el Cristo, juntaos vosotros y mi espíritu, con la facultad del Señor nuestro Jesús el Cristo,
5 el tal sea entregado a Satanás para muerte de la carne, para que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús.
Ahora, es necesario notar dos cosas aquí las cuales debemos de tener en mente cuando se trata de los cristianos. Primero, a diferencia de los falsos creyentes, el verdadero cristiano “teme” a Dios. El cristiano está consciente de que un día se ha de presentar ante el Tribunal de Cristo.
Romanos 3
17 Y no conocieron camino de paz. 18 No hay temor de Dios delante de sus ojos.
2 Corintios 5
10 Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo.
2 Corintios 2

Pero si alguno me ha causado tristeza, no me la ha causado a mí solo, sino en cierto modo (por no exagerar) a todos vosotros. 6 Le basta a tal persona esta reprensión hecha por muchos; 7 así que, al contrario, vosotros más bien debéis perdonarle y consolarle, para que no sea consumido de demasiada tristeza. 8 Por lo cual os ruego que confirméis el amor para con él. 9 Porque también para este fin os escribí, para tener la prueba de si vosotros sois obedientes en todo. 10 Y al que vosotros perdonáis, yo también; porque también yo lo que he perdonado, si algo he perdonado, por vosotros lo he hecho en presencia de Cristo, 11 para que Satanás no gane ventaja alguna sobre nosotros; pues no ignoramos sus maquinaciones.
Debemos de entender y recordar que Jesús dijo que sus ovejas oyen y le siguen. La Palabra es la voz de Cristo. Y nosotros, sus ovejas, seguimos la voz de nuestro pastor sin apartarnos detrás de otro mensaje de salvación. La Biblia lo dice así…
Juan 10
2 Más el que entra por la puerta, el pastor de las ovejas es. 3 A éste abre el portero, y las ovejas oyen su voz; y a sus ovejas llama por nombre, y las saca. 4 Y cuando ha sacado fuera todas las propias, va delante de ellas; y las ovejas le siguen, porque conocen su voz. 5 Más al extraño no seguirán, sino huirán de él, porque no conocen la voz de los extraños.
26 pero vosotros no creéis, porque no sois de mis ovejas, como os he dicho. 27 Mis ovejas oyen mi voz, y yo las conozco, y me siguen, 28 y yo les doy vida eterna; y no perecerán jamás, ni nadie las arrebatará de mi mano.
Jesús dice que sus ovejas NUNCA han de apartarse de en pos del Él, pues sus ovejas no escuchan otra voz que no sea la voz de su Pastor. Las ovejas no siguen la voz de los extraños. Sé que muchos mantienen que las ovejas se pueden ir y olvidarse de su Pastor (Jesús) pero eso es ir directamente en contra de lo que dice la clara y firme declaración del Señor. Eso es oponerse a la Escritura.
La pregunta que sigue entonces es, Si Cristo mismo nos dice que sus ovejas siempre le siguen y nunca se han de apartar en pos de otro,         ¿Cómo se Pierde la Salvación?
Exhortación
La exhortación es presentada en la Biblia con el propósito de provocar al creyente a buscar más a Dios y acercarse más a Él. Se dan promesas de bendición y gozo temporal y eterno a todo aquel que se acerca a Dios. Se exhorta al creyente a orar, a ser lleno del Espíritu Santo, a crecer en la Gracia y buscar los dones espirituales. A no estar ocioso sino a estar ocupado en cuanto a la salvación…
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Lucas 21
36 Velad, pues, en todo tiempo orando que seáis tenidos por dignos de escapar de todas estas cosas que vendrán, y de estar en pie delante del Hijo del Hombre.
2 Pedro 1
10 Por lo cual, hermanos, tanto más procurad hacer firme vuestra vocación y elección; porque haciendo estas cosas, no caeréis jamás. 11 Porque de esta manera os será otorgada amplia y generosa entrada en el reino eterno de nuestro Señor y Salvador Jesucristo.
Ver Mateo 6 para una exhortación acerca de buscar el reino de Dios. Ver Juan 15 para una exhortación acerca del dar frutos y perseverar en Cristo (la vid).
Ver también las citas de Filipenses 4:7-9, para una exhortación a pensar en las cosas de Dios. Ver 2 Timoteo 2:16 para una exhortación a escudriñar las Escrituras.
Ver Efesios 5:18-21 para una exhortación acerca de buscar la llenura del Espíritu. Ver Efesios 6 para ver una exhortación a tomar la vestidura del soldado.
Ver 1 Corintios 15 para una exhortación a esperar la venida de Cristo.
Ver 1 Tesalonicenses 4:17-21 para una exhortación acerca de la esperanza después de la muerte. Ver 1 Juan para ver una exhortación acerca de la vida en comunión con Dios y con los hermanos, y también una exhortación a no amar al mundo y las cosas del mundo. Ver Judas para una exhortación a mantenernos firmes en la fe que fue una vez dada a los Santos.
Ver Hebreos 10 para una exhortación a correr la carrera libre de las cargas del pecado que nos asedia.
Por medio de estas exhortaciones, el cristiano es motivado a seguir buscando a Cristo y poniendo su Mirada en las cosas celestiales. Los cristianos como ovejas que son del Señor, oyen la voz de su pastor y le siguen.
Juicio
Otro aspecto muy importante que no podemos pasar por alto es que la corrección de Dios para su pueblo incluye el juicio divino. En los casos menos comunes donde algunos insisten en pecar, Dios trata con ellos juzgándoles. La justificación nos ha
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librado de la pena eterna del pecado pero el juicio temporal y presente es a veces necesario. Las consecuencias eternas del pecado han sido quitadas pero las temporales nos siguen. Existe un juicio temporal que Dios pasa sobre los de su casa.
Y muy ciertamente así nos dice Pablo que sí ocurre:
27 De manera que cualquiera que comiere este pan o bebiere esta copa del Señor indignamente, será culpado del cuerpo y de la sangre del Señor. 28 Por tanto, pruébese cada uno a sí mismo, y coma así del pan, y beba de la copa. 29 Porque el que come y bebe indignamente, sin discernir el cuerpo del Señor, juicio come y bebe para sí. 30 Por lo cual hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen. 31 Si, pues, nos examinásemos a nosotros mismos, no seríamos juzgados; 32 más siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo.
En la iglesia de Corintios, el Apóstol Pablo dice que había algunos quienes estaban participando de la cena del Señor "indignamente". Cualquiera sea la definición de esa falta nos deja ver que no era agradable ante los ojos de Dios por lo cual dice el Apóstol que la mano de Dios estaba sobre algunos en esa congregación por lo que les dice que el que tal cosa hace "juicio come y bebe para sí".
Es importante recordar que los Cristianos no vendrán a condenación pues han pasado de muerte a vida (Juan 5:24; 1 Juan 3:14) y por haber sido justificados también nos dice Pablo "no hay condenación" (Romanos 5:1).
Eso, sin embargo no significa que no sean juzgados por la continua falta de atención a lo que es incorrecto y desagradable a Dios.
Pablo dice que en la iglesia de Corintios "hay muchos enfermos y debilitados entre vosotros, y muchos duermen" a causa de no discernir el cuerpo del Señor en la celebración de la Santa Cena. Vemos que Dios ha pasado juicio sobre los que cometen tal mal y las enfermedades y aun muchas muertes eran juicio de Dios sobre esa congregación (esto debe hacernos meditar sobre nuestra conducta), pero si seguimos leyendo vemos que tal juicio divino es con el fin de que "más siendo juzgados, somos castigados por el Señor, para que no seamos condenados con el mundo."
El fin de esa corrección (enfermedad y muerte) NO ES la de enviarles al infierno bajo ira sino la de juzgarles y castigarles en Gracia (Hebreos 12:6; Apocalipsis 3:19) a fin de que no reciban la condenación con el mundo, los pecadores que no conocen a Dios, los cuales sí están en condenación mas no los Cristianos. Creo que a estos casos de juicio es que hace referencia el Apóstol Juan cuando se refiere al pecado de muerte:

1 Juan 5
16 Si alguno viere a su hermano cometer pecado que no sea de muerte, pedirá, y Dios le dará vida; esto es para los que cometen pecado que no sea de muerte. Hay pecado de muerte, por el cual yo no digo que se pida. 17 Toda injusticia es pecado; pero hay pecado no de muerte.
La muerte en vista aquí no es la muerte espiritual sino la muerte física. Se refiere a la persona que está enferma para morir por la cual se hacen plegarias y oraciones (Santiago 5). Juan dice que si alguno peca y otro hermano hace intercesión, esa persona "Dios le dará vida si el pecado no es para muerte".
Es una forma en que Dios trata con el pecado dentro de su pueblo. En cierta manera es mejor que esa persona muera y este ante la presencia de Dios y no presente en el mundo siendo de mal testimonio por su desobediencia. Al ser juzgada (en gracia) por Dios en el presente por una enfermedad o por la misma muerte es librada de ser condenada con el mundo (en ira) y echada al infierno en el juicio final.
(1 Corintios 11:30). Otro caso que podemos volver a considerar es el de aquel que estaba en pecado de fornicación en esta misma iglesia de Corintios viviendo con la esposa de su padre. La recomendación del Apóstol Pablo fue que "el tal sea entregado a Satanás para destrucción de la carne, a fin de que el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús." Otra vez vemos el mismo principio aquí. Este pecador dentro de la congregación de Corintios había de ser entregado a Satanás para destrucción de su carne lo cual causaría ya sea enfermedad del cuerpo o quizás aún la misma muerte física de tal persona pero que al ser juzgado por Dios de esta manera "el espíritu sea salvo en el día del Señor Jesús".
El Camino a la Glorificación
Muy a menudo se pasa por alto un aspecto importantísimo en el asunto de la salvación y es el de la elección y predestinación del pueblo de Dios. La Biblia nos habla de este tema de forma tal que no deja lugar a dudas sobre el destino final de los creyentes. La palabra 'predestinación' en el griego es pro-or-id'zo significa 'fijar de antemano'.
La Biblia dice que los que son salvos, lo son porque fueron escogidos 'desde el principio' para salvación (2 Tesalonicenses 2:13). La elección tomó lugar 'antes de la fundación del mundo' (Efesios 1:4). Sea cual sea la base que usted crea para tal elección (yo creo que es incondicional), lo cierto es que 'es para salvación'. La Biblia nos dice que tales escogidos han sido 'predestinados' para alcanzar la glorificación. Si Dios ha determinado que así ha de ser y lo ha establecido de esa manera ¿Quién puede frustrar los planes de Dios? La Biblia nos da la respuesta, ¡Nadie!

Las Sagradas Escrituras enseñan sí la predestinación, pero no que Dios predestina a alguno a la vida eterna y a otros al sufrimiento eterno. Predestina "al que quiere," a la salvación, y ese plan es lo suficientemente amplio como para incluir a todo aquél que realmente desea salvarse. Esta verdad ha sido explicada como sigue: "El que quiere puede entrar," cuando entramos y somos salvos, leemos las palabras siguientes: Dios, en virtud de sus conocimientos, supo quiénes eran aquellas personas que aceptarían el evangelio y se mantendrían salvas, y predestinó a los tales a la herencia celestial. Palpo su destino pero no lo fijó.


nom, PREDESTINACIÓN (del gr. «proorizõ», «marcar de antemano,
Predeterminar»
(En Ro. 8:29, 30 forma un enlace en la cadena que
conecta el previo conocimiento de Dios en el
pasado con la gloria en el futuro. La elección es el
señalamiento que Dios hace de individuos; la
predestinación es a bendición (cfr. Ef. 1:5, 11,
donde los creyentes son predestinados a ser
adoptados hijos, según el propósito de Dios).
La predestinación no implica que Dios haya
marcado a algunos para ira. En realidad, el deseo
de Dios es «que todos los hombres sean salvos y
vengan al conocimiento de la verdad» (1 Ti. 2:4).
Para asegurar que algunos lo sean, Él los
predestinó, llamó, justificó y glorificó en Sus
consejos soberanos (cfr. Ro. 8:29, 30).
“Corto resumen de la predestinación, para entender más nuestro estudio”.
ELECCIÓN PREDESTINACIÓN: Del término griego «eklogê». Se usa: (a) del Señor Jesús: «He aquí mi siervo, yo le sostendré; mi escogido («bachir»), en quien mi alma tiene contentamiento» (Is. 42:1; 1 P. 2:6). Fue predestinado para ser propiciación por la fe en Su sangre (Ro. 3:25; 1 P. 1:20); (b) de Ciro, que fue llamado por Dios para que
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fuera su «pastor» e hiciera su voluntad, diciendo a Jerusalén: «Serás edificada; y al templo: Serás fundado» (Is. 44:28; 45:1-4). Fue Ciro quien liberó a los cautivos para que pudieran ir a Jerusalén y reconstruyeran el templo (Esd. 1:2, 3); (c) cuando Jacob y Esaú nacieron, Jacob fue elegido para bendición, y sus descendientes como la única nación elegida por Dios para Su especial favor (Ro. 9:11-13; Am. 3:2); (d) cuando Dios vuelva a restaurar a Israel en su bendición será un remanente el que será elegido, al que llama sus «escogidos» (Is. 65:9, 15, 22; Mt. 24:22, 24, 31; Ro. 11:8); (e) de los ángeles elegidos (1 Ti. 5:21); (f) de la elección de personas para vida eterna (Ro. 8:29, 30, 33; 11:5, 7; Col. 3:12; 1 Ts. 1:4; 2 Ti. 2:10; Tit. 1:1; 1 P. 1:2; 5:13; 2 P. 1:10; 2 Jn. 1, 13). La razón de que muchos creyentes tienen dificultades en cuanto a la doctrina de la elección para vida eterna es debido a que no acaban de ver el verdadero significado de la caída del hombre, y de su condición totalmente perdida. Si no fuera por la elección y por la gracia irresistible que la acompaña, nadie sería salvo. Cristo murió por todos, y a todos se proclama el evangelio (Ro. 3:22; He. 2:9). Sin embargo, los designios de la carne son enemistad contra Dios (Ro. 8:7), y nadie respondería (Lc. 14:18). Nadie puede ir al Señor Jesús si el Padre no lo atrae hacia él (Jn. 6:44). Creen los ordenados para vida eterna (Hch. 13:48). Toda la gloria de la salvación pertenece a Dios. Sin embargo, tiene que quedar claro que el hecho de la elección de muchos a vida eterna no significa que otros han sido destinados por Dios a la perdición. Esto no se enseña en las Escrituras. Dios desea que «todos» los hombres se salven (1 Ti. 2:4). Su elección asegura que «muchos» lo serán. Se ha utilizado mucho el pasaje de Ro. 9:22-23 para defender la teoría de la doble predestinación. Sin embargo, se pasa por alto que el verbo «preparados» en el versículo 22 está en el original en la voz media, lo que quiere decir que los vasos de ira se prepararon a sí mismos para destrucción. Es a los vasos de misericordia que Él ha preparado de antemano para gloria. Por lo que respecta a Ro. 9:18, «de quien quiere,tiene misericordia, y al que quiere endurecer, endurece», tampoco puede tomarse este versículo como apoyando la idea de una doble predestinación. En efecto, aquí se trata, por una parte, de la gracia electiva soberana de Dios hacia unos (p. ej., el caso extremo de Saulo de Tarso, ilustrativo de todos los demás); por otra parte, los que son endurecidos no son endurecidos «para» perdición, sino «en» perdición. Quedan endurecidos judicialmente en una actitud de rebelión ya asumida personalmente. Finalmente, un pasaje que a primera vista podría ser usado para apoyar la idea de una doble elección es el de Jacob y Esaú: «A Jacob amé, mas a Esaú aborrecí» (Ro. 9:13; cp. Mal. 1:2-3). Aquí, a primera vista, parece que se está afirmando que antes de que nacieran, Dios ya amaba a Jacob y aborrecía a Esaú. Sin embargo, aunque lo primero es ciertamente el caso, no es lo que aquí se está tratando. Aquí se da esta afirmación como corolario final a la cadena que muestra la elección en gracia de Jacob. La afirmación «a Esaú aborrecí» no se conecta con «no habían aún nacido» (Ro. 9:11), sino que es el desarrollo histórico a que llevó la elección de Jacob y la respuesta de odio de Esaú ante una pérdida de bendición en la que él había tenido una responsabilidad directa, por su menosprecio de la primogenitura. Incluso los hay que consideran que no se refiere a Esaú de manera personal, sino a sus descendientes, después que sus acciones nacionales hubieran quedado patentes (cp. Abd. 10; Ez. 35)
En Romanos 8 leemos sobre el maravilloso camino a la glorificación de todos los escogidos de Dios:
Romanos 8
28 Y sabemos que a los que aman a Dios, todas las cosas les ayudan a bien, esto es, a los que conforme a su propósito son llamados. 29 Porque a los que “antes conoció”, también los predestinó para que fuesen hechos conformes a la imagen de su Hijo, para
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que él sea el primogénito entre muchos hermanos. 30 Y a los que predestinó, a éstos también llamó; y a los que llamó, a éstos también justificó; y a los que justificó, a éstos también glorificó.
El camino el cual Dios nos presenta para TODOS aquellos quienes Dios "antes conoció" va desde la predestinación hasta la glorificación.
Note que todos los que fueron ' conocidos', son 'todos predestinados', y son 'todos justificados', y finalmente 'TODOS glorificados'. En realidad vemos que el grupo es el mismo de principio a fin. Todos los conocidos por Dios terminan siendo glorificados por Dios, ni uno solo se quedó a mitad de camino. Por lo tanto, es formidable la verdad que aquí se nos presenta. Entonces, si la Biblia dice que TODOS los elegidos son finalmente glorificados.

                                                     ¿Cómo se pierde la Salvación?

-Ahora veamos el otro argumento: 2 “Perder la salvación por dejar de creer”

La Segunda opinión sobre la posible pérdida de salvación es a causa de “dejar de creer”.
Esta teoría dice que aunque el pecado no puede destruir la salvación, la falta de fe si puede. Bueno, desde este punto de vista seria quizás 'posible' perder la salvación, después de todo "sin fe es imposible agradar a Dios" (Hebreos 11:6). Esta razón es mucho más lógica que la primera pero hace falta entonces averiguar si es posible que alguien que tenga una “fe verdadera” pueda perderla, de eso trataremos aquí a ver si eso es posible.
Para comenzar, esta teoría falla en entender que “la falta de fe (la incredulidad) es pecado” (Juan 16:9). Pero el problema principal está en que la "fe (creer) verdadera" es producto de la obra de Dios en el corazón del hombre. Los hombres pueden creer en Dios de distintas maneras pero siempre “a su manera”. El hombre no puede creer salvadora mente en Dios. No está capacitado para hacerlo de la manera que Dios demanda.
Efesios 2

8 Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios;
Filipenses 1
29 Porque a vosotros os es concedido a causa de Cristo, no sólo que creáis en él, sino también que padezcáis por él
El que la fe es don (concesión) de Dios por medio de la obra del Espíritu es comprobado también por las siguientes citas Juan 6:29; Romanos 10:17; 12:3-6, 1 Corintios 4:7; 12:9; 2 Corintios 4:13; Gálatas 2:16, 2:20, 3:23-25, 5:22, Tito 1:1.
Esto significa que si una persona tuvo fe salvadora en un momento, y luego dejo de tenerla, entonces fue porque la fe que le fue dada anteriormente, le fue quitada. El hombre no puede producir fe salvadora por sí mismo (Juan 6:44), y Dios no quita fe a sus hijos, Dios da (produce) fe a sus hijos.
“Así que la fe que no perdura hasta el fin, es una fe que nunca fue verdadera para comenzar”.
Existen algunos tipos de fe (creyentes), como demostrado por en la parábola del “Sembrador” (Mateo 13; Marcos 4; Lucas 8). Algunas personas creen por un tiempo y cuando sale el sol y da su calor se apartan porque no tienen raíces.
Otras personas creen por un tiempo y se apartan cuando llega la prueba porque estaba entre espinos, pero otras creen siempre y perseveran pues tienen fe verdadera y crecen y dan fruto al 30, al 60 y al 100to por uno. Esa fe verdadera es la fe de la buena tierra. Y esa buena tierra es todo aquel que ha sido escogido por Dios para salvación desde antes de la fundación del mundo.
Algunos nos dicen que el pecado puede llegar a afectar la fe. Yo no dudaría un solo momento que una persona que tenga una fe vana pierda esa fe al envolverse en pecado o aun hasta sin pecar, pero la fe que es don de Dios no puede perderse porque depende de la presencia del Espíritu Santo.
Podemos estar seguros que como "hijos de Dios" cuando somos tentados de cualquier forma que sea es solo por permiso divino y la Biblia nos dice que "Dios juntamente con la tentación nos da la salida para que podamos soportar" (1 Corintios 10:31).
“Pero muchos apostatarán de la Fe”
Si pero algunos dicen "es que la Biblia dice que muchos apostatarán de la fe”. Esto es tan cierto como lo dice la Biblia, pero ya ha quedado claro que los Verdaderos creyentes tienen
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una fe que da frutos y permanece. Y si los verdaderos cristianos (la tierra buena) dan fruto que permanece, entonces no pueden ser estos quienes apostatan de la fe. Es cierto que la apostasía existe y la Biblia no solo dice que “muchos apostataran” (1 Timoteo 4:1), sino que da ejemplos de algunos que apostataron…
2 Timoteo 2
16 Más evita profanas y vanas palabrerías, porque conducirán más y más a la impiedad. 17 Y su palabra carcomerá como gangrena; de los cuales son Himeneo y Fileto, 18 que se desviaron de la verdad, diciendo que la resurrección ya se efectuó, y trastornan la fe de algunos.
Bueno, ahí lo tenemos, Himeneo y Fileto “se desviaron de la verdad” creyendo y enseñando falsa doctrina. Ahora, nos preguntamos, ¿Eran estos dos hombres salvos quienes perdieron su salvación o eran dos que estaban dentro de los salvos y que habían creído de cierta forma el mensaje del Evangelio pero quienes nunca pertenecieron al Señor? Veamos cómo sigue la Escritura…
19 Pero el fundamento de Dios está firme, teniendo este sello: “Conoce el Señor a los que son suyos”; (GRABENSE ESTAS HERMOSAS PALABRAS) y: Apártese de iniquidad todo aquel que invoca el nombre de Cristo.
La Biblia misma nos declara que estos dos nunca pertenecieron a Dios. Juan lo dice muy confiadamente de igual manera
1 Juan 2
18 Hijitos, ya es el último tiempo; y según vosotros oísteis que el anticristo viene, así ahora han surgido muchos anticristos; por esto conocemos que es el último tiempo. 19 “Salieron de nosotros, pero no eran de nosotros; porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros; pero salieron para que se manifestase que no todos son de nosotros”.
“La Palabra del Señor es muy clara, solo hay que zambullirse con ella para que la sabiduría que hay en ella, penetre en nuestro corazón y nos de entendimiento”

                                       “Mi Pueblo se pierde por falta de Conocimiento”
Juan nos dice dos cosas aquí: “Primero que los que son de nosotros permanecen en la fe” y la doctrina "porque si hubiesen sido de nosotros, habrían permanecido con nosotros" y segundo que los que se apartan de la doctrina son "anticristos" y simplemente demuestran que "no eran de nosotros". Tenían fe, pero no la fe que es don de Dios para salvación. Estaban en el grupo ¡pero no eran! La misma Biblia nos dice “Dios conoce los que son suyos”, los verdaderos hijos de Dios tienen el “sello” que les identifica “conocidos por Dios”. Ese sello es el mismo Espíritu Santo que lleva a los verdaderos creyentes a toda verdad y toda justicia, no a creer, predicar y enseñar falsas doctrinas.
Efesios 1
12 a fin de que seamos para alabanza de su gloria, nosotros los que primeramente esperábamos en Cristo. 13 En él también vosotros, habiendo oído la palabra de verdad, el evangelio de vuestra salvación, y habiendo creído en él, fuisteis sellados con el Espíritu Santo de la promesa, 14 que es las arras de nuestra herencia hasta la redención de la posesión adquirida, para alabanza de su gloria.
El Espíritu Santo es las arras (garantía) de nuestra herencia la cual llegará el día final cuando Cristo venga a tomar (redimir) para la posesión adquirida en la cruz del calvario. Ese Espíritu Santo es quien nos da el don de la fe no solo para que creamos para salvación sino para que permanezcamos hasta el día de redención. Así que la pregunta que sigue es si Dios es el dador de la fe y Dios no quita la fe a sus hijos, entonces ¿Cómo se Pierde la Salvación?

Conclusión
Aquella persona que no siga el mandamiento y escuche la vara de corrección por medio de la disciplina, la amenaza y la exhortación, y continúe en su camino de pecados alejados de Dios, solamente da testimonio ante todos que nunca fue lo que un día dijo ser. Aquel cuya fe sea temporal y no permanezca hasta el fin, nunca creyó verdaderamente lo que un día dijo creer y como resultado final ha de recibir el juicio de Dios el cual ha de destruir a los pecadores y adversarios (Hebreos 10:26ss).
Los Creyentes, los que han recibido ‘vida eterna’ de parte de Cristo “y no vendrán a condenación, más han pasado de muerte a vida“(Juan 5:25), “¡no morirán jamás!” Estos oyen la voz del Pastor y le siguen (Juan 10). Dios les da vida eternal y las cuida y nada ni nadie les ha de arrebatar de su mano ni de la mano del Padre, ¡Nadie! Nada les ha de separar del amor de Cristo, ¡NADA!
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Mientras que los demás se alejan del camino, las ovejas del maestro siguen paso a paso, y momento a momento detrás del sonido de la voz de su pastor quien al final del día, terminará su jornada trayendo al redil TODAS sus ovejas; no ochenta, no noventa, ni tampoco noventa y nueve, sino ¡CIEN OVEJAS!
Él es el buen pastor quien da su vida por las ovejas y mientras una de ellas esté perdida, no estará tranquilo hasta que la encuentre y la traiga a su redil. Porque “¿Qué hombre de vosotros, teniendo cien ovejas, si pierde una de ellas, no deja las noventa y nueve en el desierto, y va tras la que se perdió, hasta encontrarla? 5 Y cuando la encuentra, la pone sobre sus hombros gozoso; 6 y al llegar a casa, reúne a sus amigos y vecinos, diciéndoles: Gozaos conmigo, porque he encontrado mi oveja que se había perdido. “(Lucas 15:4-6)
Cristo, como buen pastor que es no ha de llegar al redil y no ha de comenzar a celebrar la fiesta sin que la última de todas sus ovejas este con él, porque como el mismo dijo, “he venido a hacer la voluntad de mi Padre” (Juan 5:30) y “Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo resucite en el día postrero.” (Juan 6:39).
Se da cuenta, la voluntad del Padre es que Jesús no pierda ‘ninguno’ de los que les han sido dados. Y si Jesús pierde solamente una oveja, no habrá cumplido la voluntad del Padre quien le encargó que no perdiese “NADA”. Por eso es que se dice “nada nos podrá separar del amor de Cristo” (Romanos 8:32). Pues si decimos que alguno de los escogidos los cuales han de ser salvos por la voluntad del Padre, termina perdido, entonces Cristo no ha "prosperado" la voluntad del Padre, pero Cristo prospera y hace cumplir la voluntad de Dios, la cual no es otra cosa sino lo que ha sido explícitamente dicho por nuestro Señor "que de todo los que me dé no pierda ninguno." (Juan 6:39).
Isaías 53
10 Con todo eso, Jehová quiso quebrantarlo, sujetándole a padecimiento. Cuando haya puesto su vida en expiación por el pecado, verá linaje, vivirá por largos días, y la voluntad de Jehová será en su mano prosperada. 11 Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos.
Podemos entonces decir confiadamente junto con el Apóstol, “el que comenzó la obra la perfeccionará hasta el día de Cristo” (Filipenses 1:6), eso es el día de su venida, el día postrero. Por eso, “Todo lo que el Padre da al Hijo, vendrá a Cristo” y “Cristo no le echa fuera” (Juan
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6:37). En aquel día “TODOS, no solo algunos de lo que el Padre ha dado al Hijo serán resucitados por él” (Juan 6:44). La pregunta que nos queda entonces es, Si Cristo mismo nos dice que El no perderá ninguno, y si todos serán resucitados por Él en el día final, ¿Cómo se Pierde la Salvación?
Es un Atentado
A fin de cuentas, hemos de ver que la teoría de la “Pérdida de Salvación” no es otra cosa que un brutal atentado contra la Verdad de la Biblia. Sí, es un atentado primeramente contra el carácter de Dios quien nos declara en su Palabra que la salvación pertenece solo a Él y nadie más (Jeremías 3:23; Lamentaciones 3:26; Jonás 2:9). El no compartirá su Gloria con nadie.
El decir que perder la salvación es nuestra responsabilidad, sería decir que requiere de nuestras fuerzas y por lo tanto seria también nuestro merito, no solo de Dios. Y con eso le estaríamos “robando la Gloria a Dios”. Y él no comparte su Gloria con nadie.
Es un Atentado contra la ‘calidad’ y ‘efectividad’ de la obra de Dios en el Nuevo Pacto. Al decir que alguien quien Dios ha “puesto su ley en su corazón” y quien ha sido trasformado “para que no se aparte” de Él (Jeremías 32:40), puede perder el temor y finalmente apartarse de Dios, es rebelarse, despreciar y tirar por el suelo el valor de la obra de Dios en el Nuevo Pacto.
Es un atentado contra el mismo corazón del Evangelio. Esta teoría se levanta en oposición a la Salvación solamente por Gracia por medio de la fe y “sin las obras de los hombres”.
Es un atentado contra el mismo corazón del Evangelio y la doctrina de la Justificación, la cual declara al hombre justo eternamente, por solamente poner su fe en la obra completa de Cristo Jesús.
Romanos 5
9 Pues mucho más, estando ya justificados en su sangre, por él seremos salvos de la ira.
Y Finalmente, es un atentado contra la habilidad y la capacidad de Cristo para completar en su totalidad la obra la cual le fue encargada por el Padre y la cual ha sido expresada por Jesús como “la voluntad del que me envió”. El creer y predicar que algunos de los salvados se han de perder, es equivalente a decir que Cristo no ha de cumplir la voluntad del Padre de no perder ninguno.
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- Y finalmente podemos concluir y decir estas ultimas palabras…
“No es mi intención ofender ni menospreciar a nadie pero debo decir que después de tanta claridad Bíblica sobre la “Perseverancia y Preservación” de los Santos, podemos concluir que los que afirman que la Salvación se puede perder ya sea por "malas obras" o por "dejar de creer", demuestran una de dos cosas, o ambas.
Primero, un gran desconocimiento y entendimiento de lo que la Biblia enseña sobre la Ley, el Evangelio de Gracia y en especial el carácter del Nuevo Pacto.
Y como segunda opción, una falta de confianza y debida consideración a lo que la Biblia dice, echando a un lado el fundamento de la Palabra para seguir sus tradiciones o enseñanzas de hombres sin saber verdaderamente lo que enseña la Biblia, las cuales no se ajustan a la verdad de Dios.
Hay mucho más que podemos decir pero será hasta aquí. Para concluir, cerramos con lo siguiente, Jesús dijo a María “Y todo aquel que vive y cree en mí, no morirá eternamente. ¿Crees esto?” (Juan 11:26). Hágase usted mismo(a) esa pregunta, ¿Crees esto?
¡Sea Dios veraz y todo hombre mentiroso! Y si Dios es veraz, entonces, ¿Cómo se Pierde la Salvación?


                                                                      Estudio Adicional

Las Escrituras también advierten contra las falsas señales de
Conversión.
Tenemos, primero, el caso de Judas Iscariote, claramente ≪inconversos≫
(ver Jn. 6:64, 70), pero cuya conducta exterior fue, hasta la última cena
con el Señor, tan similar a la de los otros once apóstoles (Mt. 10:1-8; Mr.
6:7-13; Lc. 6:12-16; 9:1-6) –predicando el Evangelio, echando demonios,
sanando enfermos–, que, cuando Jesús dijo que uno de ellos le iba a
entregar, nadie volvió los ojos hacia Judas, sino que todos, incluso Judas,
«comenzaron a entristecerse y a decirle uno por uno: ¿Seré yo? Y el otro:
¿Seré yo?» (Mr. 14:19 comp. con Mt. 26:20-25 y Jn. 13:21-30). ! Que rematadamente
bien llevo su hipocresía hasta el final!
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Mateo (Mt. 7:21-23) nos refiere unas tremendas palabras de nuestro mansísimo
Salvador contra quienes invocaran en el último día al Señor recordándole
las maravillas que hicieron ≪en su nombre≫ en esta vida. Y nótese
en la respuesta de Jesús la frase ≪Nunca os conocí≫. No dice: ≪Os conocí por algún tiempo, pero después obrasteis la maldad≫. El adverbio de negación ≪nunca≫ abarca todos los tiempos.
≪El Padre es el que sella, el Hijo es la imagen que lleva el sello (comp.
Ro. 8:29), el Espíritu Santo es el sello mismo. De parte del Padre, es
protección (ver Ap. 7:2 y ss.). De parte del Hijo, es posesión (ver Cnt. 8:6).
De parte del Espíritu Santo, garantía de seguridad (ver Ef. 4:30b)… En
el caso que nos ocupa, esa garantía es absoluta, debido a que no hay
poder humano que pueda romper ese sello≫.
Una fe que no da fruto de buenas obras no es una fe genuina.
El regenerado puede todavía
equivocarse y puede caer, pero el norte de su brújula queda fijado.
Aunque el pecado llegue a revolotear en él, no anidará en él será como un cuerpo extraño dentro de la nueva naturaleza (1 Jn. 3:8-9).
Hay que hacer aquí una pequeña corrección en el libro de Juan dice claramente que el creyente puede “pecar” es decir, cometer actos pecaminosos. (1 Jn. 1:7-10; 2:1), pero no puede practicar el pecado, vivir habitualmente en pecado pues eso mostraría que ≪la simiente de Dios NO permanece en el≫ (1 Jn. 3:8-9).
La conversión puede considerarse como una decisión radical (opción fundamental)
a seguir las pisadas de Cristo (1 P. 2:21), sin olvidar que este seguimiento tiene sus altibajos en la mayoría inmensa de los casos.
El propio Pedro tuvo que ≪convertirse≫ (gr. epistrépsas), (presta atención) “no a la fe, sino a la comunión con Cristo”
(Lc. 22:32), por haber seguido de lejos al Maestro (Lc. 22:54b).
(Cuantos de nosotros decimos que creemos en Dios, o que tenemos fe; pero hace falta algo mas, hay que convertirse a tener una relación con Dios verdadera, en otras palabras poner a Dios en todas las áreas de nuestras vidas teniendo comunión con Él. Estos son los que tienen una fe genuina).
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En lo referente a la conversión fundamental, puede efectuarse de dos
Maneras:
Conversión de crisis. Tiene lugar cuando el pecador es ≪tumbado≫ por
la gracia de Dios, como si fuera fulminado por un rayo, y experimenta
una angustia singular, seguida de un consuelo extraordinario al entregarse
al Señor. Este fue el caso de Pablo (Hch. 9:3-6) y el del carcelero de
Filipos (Hch. 16:27-34), entre otros que vemos en la Biblia, así como el
de Agustín de Hipona y de J. Wesley, como ellos mismos refieren en sus
escritos.
Es de advertir que esto: (a) no significa que el Espíritu Santo
actuase entonces por primera vez. A Pablo no se le borraba la impresión
que le produjo la forma en que murió Esteban (Hch. 7:55-60), según se
transparenta en la frase de Jesús (Hch. 9:5b)
≪dura cosa te es dar coces contra el aguijón≫. (b) Tampoco significa que quien pasa por una conversión de crisis seguirá siempre de muy cerca al Señor.
Conversión de proceso. Esta ocurre cuando el Espíritu Santo
≪se toma tiempo≫ –por decirlo así– en la conversión de una persona, manejando
delicadamente todas las estructuras psicológicas del sujeto, hasta llevarlo
finalmente a la ≪opción fundamental≫ por Cristo.
En mi opinión, esto sucede en la mayoría inmensa de los casos, especialmente en los medios evangélicos, donde los niños, desde la más tierna infancia, acuden con
sus padres a los cultos y oyen frecuentemente hablar de religión en casa
y, sobre todo, en la escuela dominical.
“Esto tiene una grave desventajas”, “frente a otras grandes ventajas”: 1- La de pensar que uno ya está convertido y dispuesto para recibir el bautismo, cuando quizá no ha tenido lugar a un proceso de genuina conversión.
2-En cambio, los que, desde un ambiente poco propicio para las cosas espirituales (el mundo, el negocio, la mala vida o un conocimiento superficial del catolicismo o una vida muy sufrida o de tristezas), acuden a cultos de
Evangelización, o acceden de una u otra manera a cosas relacionadas con Dios ya sea por invitación de amigos o por mera curiosidad,
suelen experimentar una conversión progresiva y genuina y se mantienen firmes en
el seguimiento del Señor con una conducta realmente cristiana.
El hecho de que la conversión sea fundamentalmente una opción radical
en el seguimiento de Cristo, no significa que nuestra actitud ante el mundo, ante
el negocio, etc., vayan a formar un compartimento estanco que nada tiene que
ver con lo espiritual.
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≪La conversión es un acontecimiento espiritual con implicaciones sociales de gran alcance. Comporta el aceptar a Cristo, no solo como el que nos salva del pecado, sino también como el Señor de toda nuestra vida≫.
Por supuesto, la conversión –como la justificación– es solo un comienzo.
Precisamente una de las señales más claras de la conversión genuina es el afán
de crecer y, con él, el apetito de nutrirse, (a) con la leche espiritual no adulterada
(1 P. 2:2), ya que el recién convertido es un ≪bebe≫ espiritual; (b) con el ≪alimento
solido≫ (He. 5:13-14), que traduzco literalmente: ≪Porque todo el que participa
de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es un bebe; mas de
maduros es el alimento sólido, de los que por el habito tienen los sentidos
ejercitados para el discernimiento, tanto del bien como del mal≫.
Un niño que carece de apetito comienza a preocupar seriamente a sus padres; así también un creyente que no tiene afán de conocer más y mejor la palabra de Dios
Comienza a preocupar al Señor