miércoles, 14 de diciembre de 2016

SÍNTESIS DE VARIOS ESTUDIOS BÁSICOS QUE TODO CRISTIANO DEBE SABER


                                                                               CREACIÓN

El verbo crear es en el AT casi siempre traducción del verbo heb. «bara». La Biblia comienza con la sencilla y sublime declaración de que «en el principio creó Dios los cielos y la tierra» (Gn.1:1).
A lo largo de Génesis 1 y 2 tenemos el relato de cómo Dios dio origen a todo lo existente, a lo largo de seis días de actividad creadora. Todo esto es resumido lapidariamente en Éx. 20:11: «Porque en seis días hizo Jehová los cielos y la tierra, el mar, y todas las cosas que en ellos hay, y reposó en el séptimo día...»
Ha habido multitud de intentos de comentaristas, así como algunas traducciones de la Biblia, que han intentado torcer el sentido de la frase original, que habla de una creación original, «de la nada», dando la traducción alternativa «cuando Dios empezó la creación de los cielos y de la tierra, la tierra era el principio...», implicando así que Dios meramente actuó sobre una materia preexistente.
Entre las versiones que adoptan esta postura se halla la denominada «Biblia al día». Esta postura es gramaticalmente insostenible en base a un análisis riguroso del texto, como lo han demostrado Cassuto, Delitzsch, Keil, Leupold y
Young entre otros (véase Bibliografía al final de este artículo), y la correcta traducción es la ya dada por Reina-Valera y multitud de otras versiones.

Este primer versículo de la Biblia está cargado de significado. Afirma que todo lo existente recibió su ser por la acción de Dios. Que hubo un principio en el tiempo. Que la creación del universo incluye la del tiempo, por lo que antes de la creación no se puede hablar de tiempo.
Tenemos, pues, que el tiempo tiene un comienzo absoluto, que es el del universo material. Dios trasciende tanto el tiempo como el espacio. No forma parte de Su creación, aunque ésta sí depende de Él como el Señor soberano.
Esta sección de la Biblia ha sido una de las más sometidas a la controversia. ¿Cómo creó Dios?
¿Podemos llegar a conocer la manera en que Dios creó? Son muchas las voces que se han levantado aseverando que en Génesis tenemos solamente el hecho de que Dios creó, pero que no tenemos un relato históricamente exacto de los orígenes del universo y de todo lo que hay en él. Y especialmente desde 1859, año en que Darwin publicó su obra «El origen de las especies», han sido muchos los expositores que han aceptado que el método usado por Dios para su obra de la creación ha sido el de la evolución orgánica, que
Él hubiera dirigido según Su voluntad para que desembocara en el hombre.

Sin embargo, esta postura se enfrenta a graves dificultades, tanto desde el punto de vista exegético como desde el punto de vista científico.
(a) La cuestión exegética.
Todo el contexto bíblico demanda una creación por «Fiat». Esto es, Dios ordenó por Su palabra, y ésta produjo conforme a Su voluntad. De esto tenemos un paralelo en los milagros del Señor
Jesús que se nos relatan en los Evangelios, como la resurrección de Lázaro, la multiplicación de los panes y los peces, y muchas otras señales que no involucraron ningún proceso en el tiempo. El cuidadoso examen de Génesis 1 y 2 no lleva a otra conclusión que la de la creación por «Fiat», así como multitud de otros pasajes tanto en el
Antiguo como en el Nuevo Testamento que tratan de la creación (Jb. 33:4; 38:4; Sal. 8:3, 5, 6; 94:9;
95:5; 96:6; 100:3; 104:24; 136:5, 6, 7; 139:14, 15;
146:6; 148:5; Is. 45:12; 64:8; Jer. 10:12; Am.
4:13; 5:8; Jon. 1:9; Zac. 12:1; Mt. 19:4; Jn. 1:3;
Hch. 17:26; 2 Co. 4:6; Ef. 3:9; Col. 1:16; 1 Ti.2:13; He. 1:2; 11:3; 2 P. 3:5; Ap. 10:6, y muchos otros).



                                                                 NUEVA CREACIÓN


Está en contraste con la primera creación puesta bajo Adán, que recibió bendición de parte de Dios, y que hubiera debido mantener su adhesión a Él.
«De modo que si alguno está en Cristo, nueva
Creación es; Nueva Katasis. En el (griego) El adjetivo griego,Kaine indica novedad en algo que ya existía. Así ha de entenderse la (creación). El nuevo hombre, no es otro hombre sino el mismo que ya existía, aunque cambiado, renovado. Las cosas viejas pasaron; he aquí, todas son hechas nuevas» (2 Co. 5:17).
Los que han muerto con Cristo, y han resucitado con Cristo, han perdido su primera posición en el primer Adán, y están en el Segundo Adán. «En
Cristo Jesús ni la circuncisión es nada, ni la incircuncisión, sino la nueva creación. Y a todos los que anden conforme a esta regla, paz y misericordia sean sobre ellos, y sobre el Israel de
Dios» (Gá. 5:15, 16). Ésta es la posición totalmente nueva a la que el creyente es introducido en Cristo. Sin embargo, mientras que sigue estando en el cuerpo no está enteramente libre de contacto con la vieja creación: el desierto es parte de la vida cristiana, así como Canaán y sus conflictos.
En orden inverso a la primera creación, aquí fue el
Hombre el primero en tener lugar (Cristo resucitado), después los que son Suyos, y finalmente los nuevos cielos y la nueva tierra, en los que morará la justicia (Ap. 21:1)

Vida eterna y Muerte eterna: Solo dos caminos.

                                                             
                                                                  CASTIGO ETERNO

Esta expresión designa la suerte reservada a los no arrepentidos en el mundo venidero (Mt. 25:46).
Un término más usado es «infierno» (del lat.:«inferior»); este término aparece en la versión
Reina-Valera como traducción de «gehena».
Infierno está inspirado en Ef. 4:9 (Cristo descendió a las partes más bajas de la tierra, esto es, la morada de los muertos). No tenía en principio el sentido que se le da comúnmente, y que lo restringe al lugar de tormento, sino que tenía un significado equivalente a «Seol».

(a) DESCRIPCIÓN.
¿Dónde hallamos una descripción bíblica del castigo eterno? Entre muchos otros se pueden citar:
La vergüenza y confusión perpetua (Dn. 12:2); el fuego de la «gehena» (Mt. 18:9); el fuego que no puede ser apagado (Mr. 9:43); el horno de fuego (Mt. 13:41-42); el lugar de lloro y del crujir de dientes (Mt.22:13); las tinieblas de afuera (Mt. 8:12); el castigo del fuego eterno (Jud. 7); el lago de fuego (Ap. 20:15), etc.
De todas estas expresiones se ve que el castigo eterno es una horrenda realidad. Cierto es que se emplean imágenes: fuego, tinieblas, gusanos, llanto, crujir de dientes, etc. Las Escrituras nos hablan en un lenguaje humano para damos una idea del mundo venidero; pero la descripción que hallamos en ellas es totalmente distinta de las grotescas representaciones de la Edad Media.
La idea que domina a todos estos textos es que el castigo eterno consiste en la separación de Dios, con todas sus consecuencias: «Los cuales sufrirán pena de eterna perdición, excluidos de la presencia del Señor y de la gloria de su poder.» Sin embargo, con respecto a las consecuencias de esta exclusión, se tiene que recordar que el castigo eterno caerá sobre la persona completa. Los impíos sufrirán la pena del castigo eterno después de la resurrección de sus cuerpos, por lo que es erróneo insistir excesivamente en que las imágenes anteriores son meros símbolos. Y se tiene que recordar también que las imágenes, símbolos, etc., se usan para expresar una realidad más plena, no menos, que la que tienen los símbolos mismos. Es evidente que las penas del alma serán espirituales; pero no es menos cierto que los impíos resucitados recibirán un castigo que, adecuado a su medida de responsabilidad, recaerá sobre la plenitud de su ser (Mt. 10:28).
¿Qué es la gehena? Este término es la transcripción del término heb. «gé-Hinon», lugar maldito donde ciertos israelitas y sus reyes infieles habían quemado vivos a sus hijos e hijas en honor de Moloc (2 R. 23:10). Parece que en época de
Cristo se quemaba allí las basuras de Jerusalén.
Jesús empleó el término de «gehena» para hablar del fuego del infierno, de la manera que las
Escrituras usan en el mismo sentido los términos de horno, de tinieblas, de azufre.

(b) SUFRIMIENTO.
El sufrimiento del infierno. Los textos bíblicos insisten mucho sobre la ignominia, el tormento, el llanto, el crujir de dientes, la tribulación, la angustia, el sufrimiento que sufren los réprobos
(Dn. 12:2; Lc. 16:23-24; Mt. 13:42; Ro. 2:8-9; Jud. 7). Y el apóstol Juan añade: «Y el humo de su tormento sube por los siglos de los siglos. Y no tienen reposo de día ni de noche... y serán atormentados día y noche por los siglos de los siglos» (Ap. 14:10-11; 20:10). ¿Cómo se pueden imaginar tales sufrimientos, y especialmente cómo se pueden conciliar con la concepción de un Dios de amor? Señalemos en primer lugar que la perdición será provocada precisamente por el rechazo del amor de Dios; por otra parte el Señor no habrá de hacer nada para atormentar a los que no quisieron Su salvación, a excepción de alejarlos de Sí (Mt. 25:41). ¿Acaso no dijo una vez a los israelitas que, por su incredulidad, habían rehusado entrar en la Tierra Prometida: «Y conoceréis lo que es estar privados de mi presencia»? (Nm. 14:34, Keil-Delitzsch).

El castigo será proporcional a la responsabilidad individual de cada cual. Dios no es injusto, y cada uno de los impíos será juzgado exactamente según sus obras (Ap. 20:12-13; Ec. 12:1, 16; Mt. 12:36;
Ro. 2:16; Jud. 14-15).
La responsabilidad de los culpables será evaluada según la luz recibida, y los que han pecado sin la ley, sin la ley perecerán (Ro. 2:12).
Las ciudades que rechazaron las enseñanzas de
Cristo serán juzgadas con mucha mayor severidad que Sodoma y Gomorra (Mt. 10:14-15; 11:20-24).
Unos serán azotados con pocos azotes, otros con muchos azotes (Lc. 12:47-48); de la misma manera que en el cielo habrá recompensas proporcionadas a la obra de cada uno (1 Co. 3:8).

(d) DURACIÓN.
La duración del infierno. La Biblia asigna al castigo de los impíos una duración eterna. En heb., como en gr., se emplean los mismos términos para designar la vida eterna y el tormento eterno (Dn.12:2; Mt. 25:46). Se trata de un fuego que no se puede apagar, de un gusano que no muere (Mt.
3:12; Mr. 9:48). Ver también en otros pasajes el uso del término eterno, en gr. «aionios» (Mr. 3:29;
2 Ts. 1:9; He. 6:2; Jud. 6, 7, 13). Este término aparece 71 veces en el NT. Hay algunos que piensan que solamente significa «de gran duración, en relación con el siglo (aion) venidero». Ahora bien, en 64 ocasiones eterno se aplica a las gloriosas realidades sin fin del otro mundo: Dios, el Espíritu, el Evangelio, la salvación, la redención, la herencia, la gloria, el reino, la vida eterna, etc. Y esta misma palabra se aplica 7 veces a la perdición. ¿No debe por ello significar asimismo una realidad sin fin?
Hemos visto que en Apocalipsis se afirma que el tormento se prolonga «por los siglos de los siglos» (Ap. 14:11; 19:3; 20:10). Y también en el mismo libro este término califica 10 veces la duración de la existencia de Dios, de Su gloria, reino, y del reino de los elegidos en el cielo (Ap. 1:6, 18; 11:15; 22:5, etc.). Ante tales declaraciones, quedamos profundamente afligidos. Además, no es posible dudar de la sabiduría, del amor, y de la justicia de Dios. Un día, en Su presencia, comprenderemos: «El juicio será vuelto a la justicia, y en pos de ella irán todos los rectos de corazón» (Sal. 94:15).

(e) ANIQUILACIÓN.
¿No serán aniquilados los impíos en el mundo venidero? No es esto lo que muestran las
Escrituras, por cuanto su tormento no tiene fin.
Sin embargo, los partidarios del «condicionalismo» afirman que, como Dios, «es el único que tiene inmortalidad» (1 Ti. 6:16). Él solamente la concede a aquellos que creen; a falta de lo cual dejarían de existir. Ahora bien, es cierto que sólo el Señor puede decir: «Yo soy la vida» y que conocerle a Él es la vida eterna (Jn. 14:6; 17:3); esta vida verdadera sólo es comunicada al creyente (Jn. 3:36; 1 Jn. 5:12). Pero la Biblia enseña que la muerte espiritual, bien lejos de ser la ausencia de existencia, es la separación de Dios, y la privación de la única verdadera felicidad.
Adán y Eva fueron excluidos del Edén después de su caída en base a Gn. 2:17; el hijo pródigo estaba «muerto» en su alejamiento de su Padre (Lc. 15:24
cp 1 Ti. 5:6); los efesios lo habían estado en sus delitos y pecados (Ef. 2:1,5).
En cuanto a la muerte segunda que sigue al Juicio
Final no es la aniquilación sino el lago de fuego, lugar de tormento eterno (Ap. 20:10; 21:8; 14:10-11).

(f) TODOS SALVOS.
¿No serán todos salvados un día? Los universalistas insisten en las palabras «todos» en los siguientes textos: «Así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados... para que Dios sea todo en todos» (1Co. 15:22, 28; cp. Fil. 2:10-11; Ro. 11:32; Col. 1:20). Dicen ellos que el triunfo de Cristo no sería completo si tan sólo una criatura escapara de Su amor; un día, prosiguen, todos los pecadores, y el mismo diablo, serán salvos, después de haber sido purificados por el fuego del infierno (Stróter). Los textos bíblicos dicen algo muy distinto. Pablo dice: «En Cristo todos serán vivificados... los que son de Cristo en Su venida» (1 Co. 15:23). En
Cristo es la palabra clave. Los que están en Cristo son los creyentes (Ro. 6:5-11, 23; 8:1; cp. Ef. 2:10; Col. 3:11). Es evidente que se está hablando de todos los creyentes. Toda rodilla se doblará un día ante el Señor; esto es, todos, incluyendo Sus enemigos, se le someterán. Por otra parte, si los sufrimientos de un fuego purificador salvara las almas de los que han rechazado el evangelio aquí y ahora, su redención no tendría lugar por la sangre de Cristo. Y frente a esto cp. Sal. 49:8.

(g) PURGATORIO.
Doctrina católico romana del Purgatorio.
El Purgatorio es una ficción del catolicismo romano. Todos los pasajes bíblicos que tratan del más allá no presentan más que dos destinos: el cielo y el infierno, el camino ancho de la perdición y la puerta estrecha de la vida (Mt. 7:13, 14), la cizaña arrojada al horno y el trigo metido en el granero celeste (Mt. 13:41-43, 49, 50), las vírgenes insensatas son dejadas afuera y las prudentes reciben entrada (Mt. 25:10, 11), el servidor infiel es echado a las tinieblas de fuera y el siervo fiel entra en el gozo de su señor (Mt.13:21, 30), los malditos van al fuego al castigo eterno, los benditos a la vida eterna (Mt. 13:33-46), el rico malvado va a los tormentos sin poder de recibir ayuda alguna; y Lázaro va al seno de
Abraham (Lc. 16:22-23); hay la resurrección para vergüenza y condenación eterna, otra para vida eterna (Dn. 12:2; Jn. 5:29); los impíos son arrojados al lago de fuego y de azufre, y los elegidos entran en la Jerusalén celestial (Ap. 21:1-4, 8).
Cristo murió diciendo: «¡Consumado es!» (Jn.
19:30). El hombre es justificado «gratuitamente por Su gracia. ... por la fe sin las obras» (Ro3:23,28).
No es, pues, el sufrimiento en un «purgatorio» lo que expía el pecado ya abolido por la cruz (He. 9:26; 10:10, 17-18), y de los que solamente la sangre de Cristo nos purifica enteramente (1 Jn.1:7, 9).

(h) CÓMO ESCAPAR.
Cómo escapar al infierno.
Siendo que es tan horrendo el castigo en el mundo venidero, nuestro principal interés debiera ser evitarlo a todo precio. Este es también el deseo de
Dios para nosotros, y la condición que ha puesto para ello son de lo más simple. Él ha dado a Su Hijo unigénito, a fin de que todo aquel que crea en Él no se pierda (Jn. 3:16). Todo el que oye Su palabra y cree... tiene la vida eterna y no vendrá a condenación, sino que ha pasado de muerte a vida (Jn. 5:24). «El que quiera, tome del agua de la vida gratuitamente» (Ap. 22:17). En suma, van al infierno los que así lo quieren, y van al cielo los que quieren.
Un día, Cristo lloró sobre Jerusalén diciendo:
«¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta a sus polluelos debajo de las alas, y no quisiste!» (Mt. 23:37). Que sea de manera que jamás nos haga a nosotros tal reproche.
Bibliografía.
Anderson, Sir Robert: Human Destiny (Pickering
and Inglis), Londres s/f; Darby, J. N.: «On
Everlasting Punishment», The Bible Treasury,
Dic. 1868; Lacueva, F.: Escatología II (Clie,
Terrassa, 1983); Pache,R.: L'Au-Delá (Éditions
Emmaús, Suiza); Pentecosts, J. D.: Eventos del
Porvenir (Libertador, Maracaibo 1977).

No hay comentarios.:

Publicar un comentario